Introduciendo las proposiciones MODIGLIANI & MILLER

20.9.14

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Por Paúl Lira Briceño. 
En las entregas anteriores concluimos que el apalancamiento financiero incrementa el riesgo de los accionistas; pero, a su vez, amplifica las utilidades cuando hay auge, aunque estas se reducen, grandemente, en épocas de recesión; lo que es opuesto a lo que ocurre en empresas no apalancadas. Sin embargo, todavía no hemos concluido qué estructura de capital es mejor. Un inversionista adverso al riesgo, compraría acciones de empresas sin deuda, en tanto que, los amantes del riesgo, adquirirían títulos de empresas apalancadas.

Es momento de presentar a las proposiciones Modigliani & Miller, estos dos economistas publicaron en 1958 el artículo “The Cost of capital, Corporation Finance and the Theory of Investment”, que sentó las bases para un nuevo entendimiento de la estructura financiera de las empresas. Por esta y otras contribuciones a la ciencia económica y las finanzas, ambos ganaron el premio Nobel de Economía, Modigliani en 1985 y Miller en 1990.

La base inicial de su trabajo, fue probar que el valor de una empresa es siempre el mismo, no importando la estructura de capital que elijan los inversionistas. La demostración desarrollada, hace hincapié en la posibilidad que un inversionista puede replicar los beneficios de comprar acciones de una empresa apalancada, adquiriendo títulos de firmas sin deuda, utilizando para tal fin, capital propio y deuda. A esta estrategia, ellos la denominaron “Apalancamiento doméstico”.

Para demostrarlo, utilizaremos los datos del caso que desarrollamos en la entrega anterior, le pido por favor, que lo revise para que pueda comprender mejor lo que sigue. Tres cuadros de esa entrega, nos servirán como data para la demostración. Recuerde que hoy, la empresa no está apalancada; pero sí desea estarlo a futuro:

La primera estrategia a la que denominaremos Estrategia No Apalancada (ENA), consiste en comprar 100 acciones de la firma apalancada a un precio de $25 por acción. La adquisición será efectuada 100% con fondos del inversor y, de ahí, el nombre adoptado para esta estrategia. En el cuadro siguiente, se observa los rendimientos por acción y por el total comprado en tres escenarios (auge, normal y recesión). La utilidad por acción, se obtiene del cuadro Estructura Capital Apalancada. 
 
En los tres escenarios, el costo es el mismo ($25*100). Por otro lado, hay que notar que, en el primer escenario, no se logra ganancias, aunque, en los otros dos sí, siendo esta creciente, tal como se puede esperar, cuando una empresa tiene deuda dentro de su estructura de capital.

A la segunda estrategia la llamaremos Estrategia Apalancada (EA) y, en realidad, es una estrategia de dos pasos para comprar acciones de la empresa no apalancada. Paso 1, comprar 100 acciones con fondos prestados ($2 500) a una tasa de 10%; y, Paso 2, adquirir con recursos propios otras 100 acciones. Los resultados se presentan en el cuadro siguiente, note que los datos de la utilidad por acción se han extraído del cuadro Estructura de Capital No Apalancada.
Observe que, el costo inicial para el bolsillo del inversor, es $2 500 ($5 000 que invirtió menos el préstamo solicitado) Ahora, enfoquémonos en el escenario Normal. La utilidad por acción en ese escenario es de $3.75; lo que hace ganar al inversor $750 en total. A eso, hay que quitarle lo que pagará en intereses a su acreedor (10% de $2 500), lo que le hace ganar en términos netos $500, que es exactamente igual a lo que ganó el inversor, que compró con sus fondos, acciones de la empresa apalancada con el mismo costo inicial. Lo mismo aplica para los otros dos escenarios.

Si el costo y el rendimiento en ambas estrategias son similares, se puede concluir que es indiferente adquirir acciones en cualquiera de las dos situaciones que puede atravesar la firma. Visto de otro modo, un inversionista no recibe nada por invertir en la empresa apalancada, que no pudiera replicar por sí mismo, al efectuar una compra de acciones de la empresa no apalancada, con una mezcla de capital propio y de terceros. En otras palabras, ninguna estructura de capital es mejor o peor para los accionistas de la firma.

Es verdad que para esto se cumpla deben asumirse una serie de supuestos: No hay impuestos, la tasa de interés es la misma para personas y para empresas, no hay costos de transacción y el mercado financiero es eficiente.

Estos supuestos muy restrictivos, podrían hacer parecer que esta demostración es una curiosidad teórica. Sin embargo, note que si con estos supuestos, la estructura de capital es irrelevante, sin estos supuestos esta debe ser relevante. Más adelante, los relajaremos para poder discutir, cómo llegar a la estructura de capital óptima de una firma.

La hora de repensar la ética de la banca y las finanzas

19.6.14

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Por: Profesores IESE | 19 de junio de 2014

Tras la crisis financiera, tenemos la oportunidad de pensar en cómo llevar la ética a la banca y los mercados financieros, por un lado, y la contabilidad y las finanzas corporativas, por el otro. Ese será el objetivo del XVIII Simposio Internacional de Ética, Empresa y Sociedad que, bajo el título Ética en la banca, contabilidad y finanzas: hacia una mayor integración, se celebrará del 30 de junio al 1 de julio en el IESE de Barcelona.

El simposio arrancará con una exposición del estado actual de la ética en las finanzas, de la que se encargarán Colin Mayer, profesor de Estudios de dirección de empresas en la Saïd Business School, de la Universidad de Oxford y John R. Boatright, profesor de Ética empresarial y Dirección de empresas en la Graduate School of Business de la Universidad Loyola de Chicago.

En algunos países, la banca ha sido el blanco de fuertes críticas por el uso de prácticas cuestionables, lo que ha suscitado un debate sobre su papel y contribución al bien común. Xavier Vives, profesor de Economía y Dirección financiera del IESE, abordará la cuestión de si la competencia en el sector bancario es buena para la sociedad.

S. Prakash Sethi y Terrence F. Martell, del Weissman Center for International Business de Nueva York, presentarán las conclusiones de su estudio sobre la responsabilidad social corporativa en instituciones financieras de todo el mundo. Por último, Robert B. Atwell, presidente y consejero delegado del estadounidense Nicolet National Bank, hablará de cómo la banca podría interesarse por el bien común.

Otra área de interés es el papel que desempeña la ética en el riesgo financiero. Paul H. Dembinski, director de la fundación suiza Observatoire de la Finance y profesor de la Universidad de Friburgo, analizará si la ética en las finanzas puede prevenir los riesgos sistémicos. Por su parte, Antoni Subirà, profesor emérito de Finanzas en el IESE defenderá la importancia del sentido común en la dirección financiera.

Los críticos denuncian que una de las causas de la crisis financiera es el dominio que ejercen las finanzas en muchas empresas. Josep Maria Rosanas, profesor de Contabilidad y control del IESE, departirá sobre el papel de la función financiera en la misión de la empresa. Y Oriol Amat, profesor de Contabilidad en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona estudiará cómo integrar la ética en los informes contables y financieros.

El simposio tiene por objetivo avanzar en el largo camino hacia una mayor integración de la ética en las actividades empresariales.

Riesgo, responsabilidad e interdependencia

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Por Josep M. Lozano, profesor del dpto de Ciencias Sociales de ESADE

Como no sabemos exactamente hacia donde transita nuestra sociedad, tampoco sabemos cómo denominarla. O, al revés, la denominamos de diverses maneras en función de la clave que adoptamos para intentar comprenderla. Hoy quisiera detenerme en dos de estas denominacions: sociedad de la información (o del conocimiento, que a veces se utilizan lamentablemente como sinónimos) y sociedad del riesgo. Y lo que quiero plantear es que estas denominacions, hoy por hoy, no son alternatives sino complementarias. Porque la sociedad de la información es a la vez una sociedad del riesgo. Y lo es no como una especie de subproducto lamentable, resultado de maldad y/o de la chapucería humanas, sino como algo intrínsecamente asociado al desarrollo de la sociedad de la información. Porque ya no hablamos de simples amenazas sociales o naturales que escapan al control humano (como podría ser el caso de las sociedades premodernas). Hablamos de riesgos que son consecuencia de decisiones humanas, cuyo impacto tiene un creciente carácter global y se percibe como indiscriminado; como se ha dicho gráficamente, la riqueza es jerárquica, pero la polución es democrática. Claro que hay maldad y chapucería humanas, y a veces en grado superlativo. Pero la característica común a la sociedad de la información y la sociedad del riesgo es la interdependencia. De ahí también el éxito de la denominación sociedad-red que, de hecho, se superpone a las anteriores

Olvidémonos por un momento de un subproducto de lo anterior, como son las nuevas formas de terrorismo y de delincuencia. Vayamos a lo que no es deliberadamente perverso... esperemos. Que la productividad esté cada vez más asociada a la gestión de la información no tan sólo abre la puerta a nuevas oportunidades, sino también a nuevas perversidades, en la medida que comporta decisiones cuyas consecuencias positivas aparecen a menudo como indisociables de las negativas. Y no tan sólo porque dichas consecuencias se soslayen o no se tomen en consideración, como suele ser habitual, sino también porque a veces no son claramente previsibles ni pensables en el momento de tomar decisiones. En este sentido, cabe añadir que lo que caracteriza a la sociedad del riesgo no es la mera existència del riesgo, sino la incapacidad organizativa, institucional y social para afrontarlo. La sociedad del riesgo nos plantea de manera acuciante la cuestión de la gobernanza, que va mucho más allá del debate sobre qué hacen los gobiernos (aunque, evidentemente, lo incluye). Lo que hemos vivido con el sistema financiero (y lo que te rondaré, según parece) lo muestra con claridad: no en balde hablamos de riesgo sistémico... mientras lo seguimos manejando y pensando con parámetros convencionales.

Porque lo que a veces olvidamos es que la sociedad de la información y la sociedad del riesgo son también sociedades de organizaciones. Las organizaciones los son actores primordiales en la gestión de la información y en la generación de riesgos. En este contexto, sería una mala opción convertir la conciencia del riesgo en una gestión del miedo y mediante el miedo. Lo que necesitamos es también activar una comprensión de la responsabilidad y de la lucidez adecuada a nuestras organizaciones. En una sociedad-red, las organizaciones han de interiorizar que la responsabilidad que necesitamos asumir es una responsabilidad compartida (una responsabilidad que se piense también a sí misma en red); no una responsabilidad que se contente con decir “señorita yo no he sido”, aunque quien lo diga lo haga vestido de Armani y exhibiendo tablas y graficos. Hoy una ética de la responsabilidad sólo puede ser una ética de la co-responsabilidad institucionalizada.

Todavía pensamos la responsabilidad desde el esquema causa-efecto. Y hacemos propuestas y creamos mecanismos de resolución de conflictos y de deliberación desde esta clave. Necesitamos concebir la responsabilidad desde la interdependencia, en la que ya no es suficiente dilucidar si puede atribuírsenos de manera clara y distinta determinades consecuencias, sino en la que se incluye la contribución a la gobernanza del sistema. Quien toma decisiones atendiendo solo a las consecuencias directas y no piensa en la gobernanza del sistema es un peligro público, para todos. La responsabilidad vive en los límites de la relación causa-efecto; la co-responsabilidad tiene como referencia la gestión de las interdependencias y su gobernanza. Toda nuestra manera de pensar a las organizaciones y de valorar su actuación se ha construído a partir de la primera. La pregunta es si nuestras organizaciones, nuestras mentalidades o –simplemente- la especie humana seran capaces de esta mutación. Porque desarrollar e institucionalitzar una co-responsabilidad adecuada a la interdependencia es también una cuestión de supervivencia.

Y, ya puestos, vale la pena pensar si la RSE tiene recursos para asumir este registro de la R.

Paraísos fiscales y sus soluciones

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Por: Profesores IE | 17 de junio de 2014

La evasión fiscal que tenemos en nuestro país y de media en Europa, según el informe “Closing The European”, significa alrededor del 23% del PIB, y por su parte, en el mundo según “Tax Justice”, significa de media el 5,1% del PIB. Para darnos mayor comprensión de la magnitud de esto, por ejemplo en España la economía sumergida serviría para pagar el 85% de la sanidad.

Un paraíso fiscal es un territorio geográfico, cuya estructura fiscal está establecida para explotar una demanda mundial de oportunidades para eludir o evadir impuestos. Por tanto las características fundamentales son: bajos tipos impositivos, falta de trasparencia y enfoque a no residentes.

Para darle un punto de vista muy pragmático, vamos a intentar comprender algunas de las principales prácticas y como los países que no son paraísos fiscales reaccionan para contrarrestar sus efectos:

1. Thin capitalsation: Consiste en que una matriz ponga pocos recursos propios y mucha deuda en una filial, ubicada en un país de alta tributación, y asi los intereses deducibles minoran el beneficio y con ello el pago de impuesto de sociedades en la filial, inclusive se puede conseguir doble deducción de intereses, según la procedencia de la deuda.

Para minorar este proceder, el ordenamiento europeo tiene la Directiva Matriz-filial, que limita la cantidad de deuda aportada con respecto a los recursos propios, por encima de ese limite , la deuda aportada se considera capital a efectos de deducibilidad de su remuneración.

2. Localización de propiedad de activos: Es una forma de transmitir activos de gran valor a países de baja tributación. Normalmente la propiedad del activo se trasmite a una sociedad instrumental del paraíso fiscal, en el que el propietario es simulado, con un testaferro o similar que ejerce de propietario ficiticio. Ante esta situación, los países intentan establecer un fraude de ley, ya que todos los contratos legítimos, solo persiguen un menor pago de impuestos, sin verdadero contenido mercantil.

3. Abuso de los regímenes holding: Consiste en la ubicación de la matriz del grupo empresarial, en un país de la propia Unión Europea, cuya elección solo se justifica por conceder a estas sociedades un trato anormalmente favorable desde el punto de vista fiscal.

Aquí la solución por parte de los países con tipos impositivos menos favorables no es fácil, ya que existe libertad de establecimiento dentro de la UE. Por tanto lo que se intenta en los convenios internacionales y la normativa europea es que las matrices domiciliadas en estos países tengan sustrato económico en ese país, es decir, que tenga medios materiales y humanos en el mismo y no sea una simulación con solo fin fiscal.

4. Transfer pricing: Se basa en poner precios convenientes en las compras y ventas de bienes y servicios intragrupo de sociedades para ubicar las bases imponibles en los paraísos fiscales de menor tributación. Frente a ello, los diferentes ordenamientos han obligado a las empresas a especificar como han hecho el calculo de sus costes y márgenes y su sistema de atribución a las filiales.

El concepto de paraísos fiscales, existen desde el inicio de los tiempos, ya que los países siempre han competido por conseguir rentas, ahorro e inversiones, su expansión fuerte de las últimas décadas ha venido de la mano, de una gran presión fiscal interna por parte de muchos países, que han primado la cobertura social, frente a la competencia fiscal, esto nos llevaría a una discusión difícil de dirimir, pero debemos de pensar que las connotaciones negativas de los paraísos fiscales son la falta de trasparencia y las actividades delictivas, pero no la competencia fiscal en si misma y así también lo ve el Grupo de Trabajo de la OCDE.

Existe una delgada línea, francamente difícil de analizar, entre la optimización y elusión fiscal, lícita en esencia e inclusive aconsejable y la evasión fiscal utilizada por delitos penales aparejados a la misma, absolutamente condenables. La única realidad constatable es que según el “Observatorio de Responsabilidad Corporativa”, las empresas del IBEX 35 han aumentado su presencia en paraísos fiscales un 6,8% el último año y el 94% de ellas tienen sociedades domiciliadas en estos territorios.

Las voces serias acallan a las sensatas

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Por: Paul Krugman | 19 de junio de 2014

Acabo de terminar de escribir una reseña del nuevo libro de Tim Geithner, Stress Test [Prueba de resistencia]. No he mencionado en ella algo que me ha parecido sorprendente y refrescante: ¡Geithner se ríe del síndrome de Simpson-Bowles!
“Había muchas políticas acertadas en el plan de Simpson-Bowles", escribe, "como los recortes en el despilfarro de los subsidios agrarios y el aumento del gasto en infraestructuras para impulsar el crecimiento, pero los recortes de las subvenciones y las reformas tributarias fueron bastante retrógrados y el ahorro en sanidad, muy pequeño. A pesar de todo, el plan se convertiría en algo mítico para las élites de Washington por ser un símbolo de la seriedad bipartidista noble”.

Así es. Y esto me lleva a otra reflexión: conozco un lugar donde la seriedad bipartidista noble funciona de verdad, donde la gente importante se une para que exista un consenso sobre lo que se debe hacer y, a continuación, se informa a la ciudadanía acerca de lo que respaldará. Se llama Europa, y no le va demasiado bien.

Bien es cierto que también en Estados Unidos tenemos nuestros problemas (sobre todo, el hecho de que hay unos locos que, a efectos prácticos, tienen el poder de bloquear la política).

Pero resulta curioso que en Europa las voces críticas simplemente no se oigan. El economista Lars Svensson se puede pasar años señalando que el Riksbank está tirando el dinero y nadie hace ni caso hasta que interviene alguien de fuera. A cualquier economista con un ápice de sensatez le aterroriza que la zona euro se precipite hacia la deflación, pero a los ortodoxos les sorprende escuchar que esto sea un problema.

Es cierto que a veces hace falta que la gente se una para hacer lo correcto. Pero en los últimos años, siempre se ha cumplido la máxima de que cuando la gente importante llega a un consenso sobre algo, se equivoca por completo.

Expectativas más limitadas

El rendimiento de la deuda soberana española es ahora aproximadamente igual que el de la estadounidense. Esto nos dice dos cosas, una buena y una mala. La buena es que los inversores ya no le tienen mucho miedo a un derrumbe inminente del euro. La mala es que esperan que la depresión económica de Europa se prolongue mucho tiempo. Respecto a lo segundo, oirán a algunos decir que, como la zona euro vuelve a tener un crecimiento positivo, la crisis ha terminado. En relación con esto, me parece útil señalar que durante el largo estancamiento de Japón la economía estuvo creciendo la mayor parte del tiempo. De hecho, casi todo el tiempo estuvo creciendo más deprisa de lo que crece ahora Europa.

Así que cuando la gente me pregunta si es posible que Europa tenga una década perdida similar a la japonesa, respondo que la verdadera pregunta es si es posible que eso no suceda; veo más difícil predecir la recuperación que el estancamiento. 

Traducción de News Clips.
© 2014 The New York Times

Gastar demasiado poco es perjudicial

22.5.14

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Por: Paul Krugman | 15 de mayo de 2014
Allá por 2009, cuando el presidente Obama propuso un plan de gasto para estimular la economía y algunos abogamos por un plan aún mayor, era frecuente oír a gente tanto de la derecha como del centro loco declarar que todo era una estratagema, un intento de colar prioridades liberales bajo la apariencia de un estímulo fiscal.
Resulta que era absolutamente falso y, en el caso de los derechistas, un ejemplo de proyección. Después de todo, Obama no intentaba vender el aumento continuo del gasto como medidas de estímulo a corto plazo; pero eso era exactamente lo que hacía el presidente George W. Bush cuando propugnaba sus bajadas de impuestos.
Y, además, no habría funcionado. Si acaso, la mejor apuesta en esas situaciones es intentar lo contrario: impulsar propuestas que estimulen la economía al tiempo que se construyen infraestructuras y/o se reduce la desigualdad, y hacer de los aspectos a largo plazo, relacionados con la lucha entre clases, el núcleo de la estrategia de venta.
Puede que esto suene raro. ¿No sería más fácil vender ideas con las que todos salgan ganando, que sean beneficiosas para todo (o casi todo) el mundo? Bueno, eso sería posible si la gente “pillase” de qué va la economía keynesiana. Pero incluso los lectores con una buena formación no suelen entender la idea de que una demanda insuficiente puede perjudicar a la economía en su conjunto (aunque, oye, muchos catedráticos de la Universidad de Chicago tampoco lo pillan). Y no creo que sea por falta de esfuerzos por hacerse entender.
El escollo principal está en la base misma. Da igual cuál sea la política económica y fiscal; la simple idea de que gastar demasiado poco puede ser perjudicial para la economía resulta difícil por naturaleza. Cuando doy conferencias públicas, consigo cierto grado de persuasión (creo) preguntando al público qué ocurre si todo el mundo intenta recortar sus gastos al mismo tiempo, y luego señalando que mis gastos son sus ingresos, y sus gastos, mis ingresos. Pero no creo que esto se le quede grabado a mucha gente. El atractivo del símil de la economía como administración doméstica suele prevalecer.
Mi opinión no se basa exclusivamente en mi instinto. Tenemos algunos puntos de referencia, imperfectos, pero aun así útiles.

Fijémonos, por ejemplo, en las ventas de libros. ¿Ha existido alguna vez un éxito de ventas gigantesco sobre cómo combatir las recesiones, o incluso sobre el propio crecimiento? No lo creo. Los éxitos de ventas siempre tratan, de un modo u otro, de nosotros contra ellos, ya sea enfrentándonos, compitiendo en un mundo plano, o, actualmente, intentando impedir el ascenso del 1%. Con esto no pretendo desacreditar la última aportación: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, es asombrosamente bueno y merece todos los elogios que está recibiendo. Pero llama la atención que en un momento en el que los mercados de trabajo están profundamente deprimidos, nuestra mayor preocupación sea la desigualdad a largo plazo.
O, en lo que a mí concierne, suelo hacer un seguimiento de los resultados de mis columnas en The New York Times en cuanto a número de correos electrónicos recibidos, y no hay duda de que las que tratan sobre desigualdad obtienen mayor respuesta que las que tratan de la macroeconomía del lado de la demanda.
Esto no significa que debamos dejar de intentar decir la verdad sobre la economía de la depresión (o que yo vaya a hacerlo), pero es una observación interesante, y creo que tiene repercusiones sobre cómo tendrían que hacer las cosas los políticos.

Traducción de News Clips.
© 2014 The New York Times.

La Tasa Tobin y la justicia fiscal

6.4.14

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45 años después de que James Tobin propusiera la tasa que lleva su nombre, un grupo de países europeos, incluido España, está muy cerca de aplicar conjuntamente un Impuesto sobre las Transacciones Financieras (ITF) inspirado parcialmente en las ideas del economista americano.

El ITF está respaldado por la ONU, el G20, la Comisión Europea, e incluso el FMI, inicialmente reacio. Las razones son sólidas: un impuesto de estas características desincentiva los movimientos especulativos de los mercados financieros, especialmente las operaciones de compraventa de alta frecuencia. Esto es particularmente relevante si se tiene en cuenta que el 80% de las operaciones financieras son esencialmente especulativas, al margen de la economía real. El ITF ayudará a disminuir la volatilidad del mercado al reducir este tipo de operaciones y proporcionará información sobre un sector hasta ahora bastante opaco, dando estabilidad a los mercados e incentivando la inversión en la economía real, la que crea empleos.

La ITF es también una cuestión de justicia. Las entidades financieras, aparte de tener una tributación más baja que el resto de sectores, se han beneficiado enormemente, de forma directa o indirecta, de las operaciones de rescate financiadas por los contribuyentes europeos. De ahí el valor político de una decisión que demuestre a la ciudadanía que el sistema financiero también asume parte de los costes generados por la crisis de la cual es en gran medida responsable.

Dado el enorme volumen de transacciones financieras, muy superior a las de la economía real, el impuesto tiene un altísimo potencial recaudatorio, incluso si se redujeran las operaciones como consecuencia del gravamen. La Comisión Europea estima que dependiendo de las transacciones gravadas se podría recaudar entre 30.000 y 35.000 millones de euros.

Además, se trata de un impuesto progresivo y redistributivo; el grueso de la recaudación será soportado por un grupo pequeño de personas de altos ingresos, e instituciones como fondos de inversión. Por el contrario, operaciones bancarias corrientes no estarán gravadas, por lo que los contribuyentes individuales apenas lo notarán.

Un aspecto fundamental de la ITF es el destino de los recursos recaudados. Desde sus inicios, sus promotores (Gobiernos, instituciones multilaterales, ONGs, economistas prestigiosos), han defendido su carácter finalista: que los fondos sean destinados a paliar las consecuencias de la crisis financiera, en programas sociales en los países que lo implementen o para la lucha contra la pobreza en el mundo. La tentación de los gobiernos será probablemente dedicar esos recursos a reducir el déficit público o al saneamiento de los bancos. Es por ello fundamental movilizar a la sociedad civil europea para impedir que eso ocurra. La ITF es y debe ser el germen de un impuesto internacional, destinado a financiar bienes públicos internacionales, la lucha contra el cambio climático y a políticas sociales.

Tras la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el Reino Unido y otros países, el 22 de enero de 2013 el Consejo Europeo aprobó que la ITF se llevara adelante como una Cooperación Reforzada por 11 países miembros de la UE, siguiendo la propuesta de la Comisión ampliamente argumentada y validada legalmente. Sencillamente, consiste en la imposición de una mínima tasa de entre 0,05 y 0,1% sobre todas las transacciones financieras internacionales que se realicen en estos países o con valores generados en ellos. Esto último es lo que se conoce como una base amplia, que incluye no solo las acciones, sino también los bonos, los derivados, e incluso las divisas.

Los países y la Comisión llevan más de un año negociando duramente los detalles técnicos y la fecha de entrada en vigor. Las presiones de la industria financiera contra la ITF son tremendas, esgrimiendo todo tipo de argumentos sobre los supuestos efectos desastrosos que producirá. La mayoría de las críticas no se sustentan empíricamente y no dejan de sorprender, pues hace años que países como el Reino Unido y otros aplican impuestos similares de manera exitosa. La enorme oposición de los poderes financieros contrasta con el altísimo nivel de apoyo popular; las encuestas muestran que el 63% de los europeos y el 50% de los españoles están a favor de la ITF, algo extraordinario tratándose de un nuevo impuesto.

España ha sido uno de los países líderes en promover la ITF a nivel mundial en los foros internacionales y uno de los primeros que comprometió su apoyo a nivel europeo. Sin embargo, recientemente el Gobierno se ha desmarcado de manera desafortunada de su postura inicial, en favor de una versión “desvirtuada” del gravamen. Así, en lugar de una base imponible amplia de aplicación, como desean Alemania y Austria, defiende ahora limitarla a la compraventa de acciones de grandes compañías, excluyendo otros productos como los bonos o los derivados.

El cambio en la posición española, bastante similar a la de Francia por cierto, altera radicalmente los beneficios esperados del impuesto hasta dejarlos en menos de 4 mil millones de euros, reflejando a las claras la rendición del gobierno ante los lobbies financieros. Ello, pese a que son los ciudadanos, especialmente en países como España, quienes han sufrido las consecuencias de la crisis originada por la explosión de las burbujas financieras especulativas que durante años engordaron las arcas de los especuladores.

En la última Cumbre Franco-Alemana celebrada a fines de febrero pasado ambos gobiernos se comprometieron a alcanzar un acuerdo sobre la ITF antes de las próximas elecciones europeas de mayo. Pero llueve sobre mojado. Por eso, se necesita la movilización de la sociedad civil europea, incluida la española, para demandar el cumplimiento de estos compromisos, rechazando versiones adelgazadas o calendarios de aplicación graduales y poco claros.

Evidentemente el Impuesto sobre las Transacciones Financieras no evitará todos los desmanes del sistema financiero, pero no por ello deja de ser un instrumento útil para la regulación financiera. En último término, el ITF constituye una fuente importante de recursos para la lucha contra la pobreza y un acto de justicia con los ciudadanos, a un mínimo coste sobre el sistema económico.

Paul Krugman: "China puede romper la racha de suerte de Perú"

19.3.14

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El Premio Nobel de Economía advierte que Perú está muy expuesto a una bastante probable crisis de China en el corto plazo

El Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, consideró que, globalmente, China es el escenario más probable de la próxima crisis económica global, ajuste que afectaría al Perú, debido a que nuestro modelo exportador de materias primas depende de la ansiosa demanda de la potencia china.

Respecto a una posible futura desaceleración china, Krugman señaló que "creo que hay un alto riesgo de que eso ocurra. En términos de las preocupaciones en el corto plazo, me preocupa mucho. Globalmente, China parece ser el escenario más probable de la próxima crisis mundial", en entrevista con El Comercio.

"Para un exportador de materias primas como el Perú, está más expuesto que otros países. Estados Unidos, o incluso México, pueden afrontar problemas en China, a diferencia del Perú. Esto podría romper la racha de buena suerte del Perú", advirtió.

DRAGÓN EN DESEQUILIBRIO

El economista, que participará hoy en el seminario Nuevos paradigmas en competitividad, organizado por ESAN con el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla y el presidente del BCR, Julio Velarde, señaló que el temor sobre China en el corto plazo es generado porque "tiene claramente una estructura económica inestable ahora y no parece que estén en control de las cosas".

"El sistema informal chino tiene en sus manos altos niveles de apalancamiento, exacerbados por el hecho de que no sabemos cuáles son los números y podemos suponer que tampoco lo sabe. Pekín recibe los números de las provincias, pero los gobiernos provinciales pueden reportarle los números que quiere escuchar. Si se busca un sitio en la economía mundial donde los desequilibrios muestran que algo va a ceder y que puede haber un mal ajuste, China se destaca en este momento", sentenció.

Deflación: otra amenaza a la eurozona

14.3.14

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Por: Emilio Ontiveros | 14 de marzo de 2014

La estabilidad de los precios, objetivo fundamental que orienta la política monetaria que define el BCE, no obliga únicamente a impedir grandes elevaciones de los mismos: también a velar porque no haya descensos excesivos. Ambos son contraproducentes.

En la eurozona ya son varios los meses en los que la tasa de variación de los precios -la general y la subyacente- se encuentra por debajo del 1%, en el 0,8% el pasado febrero. Recordemos que el objetivo de estabilidad de precios que tiene asignado el BCE tiene como referencia una tasa de inflación medida por el índice armonizado de precios al consumo “por debajo, pero cercana al 2%, en el medio plazo”. En algunas economías, la española sin ir más lejos, esa tasa está próxima a cero. No es la primera vez que nos enfrentamos a caídas en el nivel general de precios: en 2009 el conjunto de la eurozona, y dentro de ella algunas economías, definieron variaciones negativas durante varios meses. El temor a la deflación –descenso continuado en el nivel general de precios- ha entrado en escena y, con ella, la memoria de lo ocurrido en Japón durante casi veinte años.

Esa ausencia de inflación coexiste con ritmos tibios de crecimiento de la demanda, que no permitirán a la eurozona crecer más del 1,5% este año y tasas medias de desempleo del 12%. La normalización de la actividad crediticia es lenta y la fragmentación financiera sigue siendo explícita, poco acorde con un área monetaria común. Además, la competitividad de las exportaciones fuera de la eurozona sigue erosionada por un tipo de cambio del euro apreciado frente a las principales divisas. Son condiciones que en cualquier banco central habrían motivado decisiones en la dirección de evitar males mayores a los que ya se están padeciendo. Pero el BCE, a tenor de la comparecencia de su presidente tras la última reunión de su Consejo de Gobierno, apenas dio muestras de inquietud.

Es verdad que la caracterización más estricta de un proceso deflacionista -descensos de precios generalizados en bienes y en el seno de diversas economías, y que se realimentan entre ellos- asumida por el propio presidente del BCE puede quedar algo distante de la “desinflación” que por el momento está experimentado la eurozona. Es cierto también que salvo en tres países la tasa de inflación se encuentra hoy en territorio positivo. Y que hasta ahora los descensos en precios no son de todos los bienes. En el caso de España, los datos de febrero señalan que el 40% de los artículos del IPC registran tasas de variación negativas, frente al 20% del promedio europeo.

Lo que ya está menos claro es que ese tercer rasgo de la definición más estricta, la posibilidad de realimentación de las expectativas desinflacionistas, no exista en la actualidad. Algunos colegas miran a este respecto lo que expresan los tipos de interés a dos y cinco años en los mercados de bonos y señalan que si asumiéramos su capacidad de anticipación, la inflación va a seguir siendo peligrosamente baja durante, al menos, esos plazos. El bono alemán con vencimiento a dos años cotiza en el 0,17% y el español en el 0,87%; el cinco años en el 0,70% y 2%, respectivamente. Si creyéramos que esos tipos incorporan la inflación a esos plazos, es posible que las negociaciones en algunas rentas, los salarios por ejemplo, y en otros precios o tarifas, pudieran llegar a asumir como verosímiles esas tasas de inflación implícitas en los bonos. Y mal asunto, para la demanda nacional y para la salud bancaria, si la renta disponible de las familias sigue bajando en economías como la española. Es verdad que los bonos a diez años ya tienen rendimientos algo más elevados, pero la experiencia japonesa nos dice que las expectativas de los bonos con vencimiento a tan largo plazo pueden ser engañosas.

Con todo, no hace falta llegar a esa caracterización extrema del fenómeno de la deflación para intentar anticipar sus efectos. Veamos primero las ventajas. La más evidente de una senda desinflacionista es la preservación del poder adquisitivo de las rentas. Desde luego de aquellos agentes que tengan la suerte de tener asegurada la percepción de las mismas, sean del trabajo o del capital. Los que sean ahorradores netos están también de suerte. Además, la caída de los precios, por sí sola (si las demás variables que determinan la competitividad no se mueven), es también un reforzamiento de la competitividad de las exportaciones. Siempre y cuando, claro está, nuestros principales socios comerciales no se vean inmersos en la misma corriente descendente de precios. Y aquí volvería a ser muy conveniente que en las economías del norte de la eurozona hubiera algo más de inflación, de mayor impulso a la demanda, en definitiva.

Efectivamente, son los acreedores los que salen ganando cuando la inflación desciende. Los que tengan deudas lo pasarán mal: pagarán más en términos reales. Y los españoles -las familias, las empresas y las AAPP-, a pesar del desapalancamiento reciente, somos importantes deudores y tenemos una de las tasas más bajas de inflación: del 0% en febrero. Precisamente las economías más endeudadas de la eurozona son las que ahora tienen una inflación menor. Una baja tasa de variación de los precios significa mayor stock de deuda y mayor carga de intereses en términos reales. Este es el peor de los efectos, con capacidad suficiente para compensar ese favorable que es sin duda el ajuste en precios relativos comentado en el párrafo anterior que podría llegar a intensificar la competitividad exterior de nuestras empresas.

Tampoco es precisamente saludable el efecto sobre todas las formas de gasto que origina: si los precios van a seguir bajando dejamos para más adelante la reposición del tresillo o incluso la inversión más necesaria en nuestras empresas. Y ese tipo de espiral en momentos como el actual no es precisamente aconsejable en la eurozona.

Son razones para que el BCE no caiga en la complacencia, ni tampoco eche en saco roto la experiencia japonesa: su colega el Banco de Japón tardó en reaccionar y ahora le está costando convencer a propios y extraños de que la inflación repuntará en su economía. El propio FMI (http://blog-imfdirect.imf.org/2014/03/04/euro-area-deflation-versus-lowflation/) acaba de advertir sobre sus peligros en la eurozona. Es verdad que a Draghi le están marcando los halcones dirigidos por Jens Weidman del Bundesbank, respaldado por una gran mayoría de alemanes que mantienen una intensa aversión a la inflación. Pero mejor sería no flirtear con la deflación, una señora peligrosamente pegajosa y devoradora de crecimiento de las economías. Por mucho que quiera guardar equilibrios en su consejo de gobierno, el presidente del BCE no debería asumir excesivos riesgos. Y el de la caída excesiva de los precios no es menor sobre la todavía precaria recuperación de la eurozona. Ante situaciones económicas excepcionales, decisiones de la misma naturaleza, aunque se salten las convenciones al uso en Alemania.

Marketing social para políticas públicas efectivas y eficientes

27.2.14

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Por David Solano el 19 de Febrero 2014

Las políticas públicas son directrices que da el Estado para llevar a cabo acciones que impulsen su desarrollo. Asimismo, son la base de la gestión pública; es decir, el conjunto de decisiones y reglas necesarias de adoptar para motivar y coordinar a las personas con el objetivo de alcanzar las metas del Estado.

A partir de esta definición podemos concluir que la base de las políticas y de la gestión pública es su aceptación y aplicación por parte del público, pero para llegar al "ciudadano de a pie", primero debe tener la aceptación de los funcionarios públicos encargados (su compromiso). En otras palabras, tomar en cuenta la aceptación de la política por parte de ambos (público y funcionarios) es fundamental para el éxito de una política pública.

Pensando precisamente que este éxito depende de la participación informada y convencida, el marketing social puede ser un excelente instrumento para la aplicación exitosa de una política pública.

Siguiendo la lógica de esta herramienta, primero se debe tener claro cuál es el público objetivo que debe aplicar esta política, teniendo en cuenta que el público primario es quien debe aplicar directamente lo planteado y el secundario quien puede ver afectado su trabajo con este política. La capacidad de definir adecuadamente el público es fundamental.

Luego tenemos que definir el instrumento de política; es decir, la propuesta específica que nos debe llevar a aplicar la política. También tenemos que saber que podría hacer que el público objetivo rechace o no quiera aplicar el instrumento de política, para mejorar la propuesta.

También es necesario definir los canales; es decir, cuáles son las instituciones que deben implementar la propuesta, las cuales deben ser dotadas de las capacidades para aplicar bien el instrumento de política. Al final, la comunicación (masiva, talleres, asesorías, etc.) deben basarse en este diseño e involucrar al público objetivo y los canales en el proceso.

En conclusión, aplicar el marketing social eleva la posibilidad de una aplicación exitosa de políticas públicas, más aún en un país tan heterogéneo como el Perú.

Relaciones económicas entre Perú y Chile luego del fallo de La Haya

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Según el representante exportador, el fallo ha sido un triunfo para ambos países, pues con él se terminó un elemento de desconfianza y los gobiernos ya no se distraerán en este punto de conflicto, lo que favorecerá que las fronteras se mantengan abiertas.

Eduardo Amorrortu añadió que por el lado de Perú debemos estar satisfechos, pues no solo se ha logrado cerrar la frontera, sino que se ha incorporado una parte del territorio marítimo al país, lo que es un triunfo.

"Ha sido un fallo aglutinador y ahora nos queda trabajar juntos, desarrollando nuestros países, mejorando las relaciones y dinamizando las inversiones al mismo tiempo, pues tenemos muchos puntos en común", refirió el titular de ADEX.

También sostuvo que los empresarios de ambos lados podrán trabajar en sociedad en el avance de nuevas potencialidades y opciones, como la Alianza del Pacífico, que sería otro punto para seguir colaborando unidos.

"Este fallo de la Corte de La Haya nos abre una puerta importante para trabajar juntos hacia el futuro, como ocurrió con Ecuador en su momento, pues, luego del cierre de nuestras fronteras se generó una actividad comercial espectacular. En ese contexto, sin duda las actividades comerciales con Chile seguirán creciendo", afirmó en declaraciones publicadas por la agencia de noticias Andina. Previamente, ADEX difundió un comunicado.

Amorrortu mencionó que el territorio marítimo incorporado a Perú puede favorecer la pesca de altura (lejana de la costa). "Se ha ganado un área de jurisdicción marítima para la pesca de altura y hay que desarrollarla", anotó. Añadió que las especies marinas que pueden encontrarse en esa zona son el perico, la pota, la caballa y el jurel, entre otras.

Para Eduardo McBride, profesor del MBA Tiempo Completo de ESAN, se debe tener en cuenta que los empresarios se han mantenido al margen de la discusión sobre el resultado del litigio marítimo entre Perú y Chile. Salvo la presencia de sus dirigentes gremiales convocados por el Presidente de la República, los empresarios han preferido abstenerse en dar comentarios previos al fallo de La Haya, destacó.

"Esto ha sido, con toda premeditación, para no involucrarse en los dimes y diretes políticos y, en cambio, permanecer expectantes para que los US$ 12,000 millones de inversiones chilenas en el Perú y los US$ 8,000 millones de inversiones peruanas en Chile, sigan incrementándose", manifestó McBride.

Los molestos economistas progres

26.2.14

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Por: Paul Krugman | 26 de febrero de 2014

Jonathan Gruber está indignado y no va a seguir soportándolo. En un reciente artículo para The New Republic, el eminente economista de la salud y arquitecto de la reforma sanitaria ha escrito acerca de su irritación con Casey Mulligan, que ha tergiversado sus puntos de vista, y también los míos, en una columna digital para The New York Times a principios de este mes.

Gruber tiene motivos para estar furioso: la columna era denigrante y falaz. Pero creo que deberíamos situarla en una perspectiva más amplia: la del perenne mito del estúpido economista progresista.

Por lo tanto, en lo que se refiere a Mulligan, un economista de la Universidad de Chicago: como demostraba Gruber, en su columna incluía numerosos embustes, asegurando que cosas que había escrito él eran las conclusiones de un reciente informe de la Oficina de Presupuestos del Congreso, cuando no lo eran. Eran opiniones del propio Mulligan, sacadas, digamos, de la manga, que él atribuía a la oficina de presupuestos para darles una apariencia de autoridad.

Aparte de eso, Mulligan decía a los lectores que tanto Gruber como yo somos demasiado estúpidos o demasiado cobardes para reconocer que, en Estados Unidos, la ausencia de incentivos para trabajar producto de determinados aspectos de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible impone costes económicos.

Uno sospecha que Mulligan ciertamente no ha leído un par de artículos con enlaces en su columna. Si lo hubiese hecho, habría encontrado esto, extraído de un artículo de opinión de Gruber en The Los Angeles Times: “La Oficina de Presupuestos del Congreso también prevé la reducción del trabajo por parte de aquellas personas que acortan sus horas o evitan ascender en la escala laboral porque no quieren dejar de tener derecho a Medicaid, o porque no quieren que los ingresos por su salarios sean tan elevados que puedan hacerles perder las desgravaciones fiscales para ayudarles a pagar las primas del seguro. A diferencia del abandono voluntario del puesto de trabajo, este segundo tipo de reducción del trabajo podría conllevar auténticas distorsiones económicas, y ser un coste, y no un beneficio”.

Y esto otro, de mi columna en The New York Times del 6 de febrero: “Para que quede claro, el previsto descenso a largo plazo de las horas de trabajo no es del todo positivo. Los trabajadores que decidan pasar más tiempo con sus familias saldrán ganando, pero también impondrán una cierta carga al resto de la sociedad, por ejemplo, al pagar menos impuestos sobre la nómina y sobre la renta. Por lo tanto, Obamacare tiene un cierto coste más allá de las subvenciones del seguro”.

Así que los dos reconocemos que hay efectos en los incentivos, y que tienen un coste; pero los dos sostenemos con argumentos cuantitativos que no es un gran coste. Y ni mucho menos el liberalismo doctrinario que Mulligan ha creído ver.

Vayamos a una cuestión más general. Lo que se observa en esta columna concreta de Mulligan es el mismo mito conservador acerca de los economistas progresistas que me encuentro continuamente en muchos contextos.

La cosa funciona así: los conservadores en general, y los economistas conservadores en particular, suelen tener una visión muy limitada acerca de qué trata la economía en general, es decir, la oferta, la demanda y los incentivos. Cualquier cosa que interfiera en el funcionamiento sagrado de los mercados o merme los incentivos a la producción tiene que ser mala por fuerza; cada vez que un economista progresista defiende políticas que no encajan a la perfección en esta ortodoxia, tiene que ser porque no entiende la economía básica. Y los economistas conservadores están tan seguros de esto que no se pueden molestar en leer realmente lo que escriben los progresistas. Al primer atisbo de desviación del laissez-faire, dejan de prestar atención y empiezan a debatir con los estúpidos progresistas que hay en sus mentes, no con los economistas de verdad que están ahí.

En consecuencia, muchos conservadores parecen absolutamente incapaces de tomar en consideración la idea de que gente como Gruber o usted puedan entender perfectamente la economía básica y, no obstante, creer muy razonablemente que es preciso ir más allá.

Sobre la cuestión de la asistencia sanitaria: sí, hay efectos en los incentivos, como ocurre con todos los seguros, por cierto. Pero también hay buenos motivos para pensar que hay una seria imperfección del mercado en la forma de vinculación al puesto de trabajo – es decir, empleados que se sienten atrapados en sus empleos porque no tienen la seguridad de poder tener un seguro de salud subvencionado si se trasladan – y que, incluso al margen de esto, ampliar el seguro sanitario tiene importantes ventajas que hay que sopesar frente a cualquier coste. Todo esto está dicho brevemente en los dos artículos criticados por Mulligan, y mucho más extensamente en nuestros otros escritos. Pero como pasa con tanta frecuencia, los conservadores desarrollan problemas de comprensión lectora cuando surge este tipo de asuntos.

Me he topado con reacciones similares en muchas otras cuestiones. ¿Está usted diciendo que el déficit presupuestario es útil en una economía deprimida? Lo que debe de estar diciendo en realidad es que los déficits y los Gobiernos grandes siempre son buenos, lo cual es una estupidez, jajaja. ¿Está usted diciendo que, en una economía con contracción de la demanda, el aumentar los subsidios por desempleo puede crear puestos de trabajo? Pero hace tiempo también dijo que el seguro de paro puede aumentar la tasa natural de desempleo, o sea, que es usted estúpido, jajaja.

En fin, en todo caso, alguien está siendo estúpido.

Traducción de News Clips.

© 2014 The New York Times.

Los rankings de escuelas de negocios: ¿círculo virtuoso o vicioso?

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Por Iván Bofarull, Unidad de Inteligencia de Mercado y Rankings - Decanato de Management

En los últimos años se ha escrito mucha literatura sobre los rankings de escuelas de negocios. Pero hay dos preguntas que apuntan al corazón de la cuestión: ¿Son realmente útiles? ¿producen externalidades positivas?

Para responder a la primera pregunta sólo hace falta observar la estructura de la industria de las escuelas de negocios y la naturaleza de sus estudiantes. En primer lugar, se trata de una industria hiper-fragmentada, con unas 800 escuelas de negocios acreditadas internacionalmente y una demanda global creciente y móvil. Cada año, unos 300,000 candidatos se examinan para sacar la máxima puntuación en el test del GMAT y así poder optar a una plaza para estudiar un MBA en alguna de las mejores escuelas del mundo.

Así como hace un par de décadas los patrones de movilidad estaban muy definidos (principalmente, de resto del mundo hacia EE.UU), hoy en día el mapa de movilidad se ha vuelto más multipolar. Hoy es normal que estudiantes norteamericanos quieran cursar un MBA en Europa y que estudiantes europeos quieran ir a Singapur. Cuando se da este fenómeno, el conjunto de la oferta se vuelve pertinente, de manera que el perímetro de relevancia deja ser local o regional, se acentúa la fragmentación, y es precisamente esta fragmentación la que requiere de herramientas que ordenen y simplifiquen la oferta. Para lograr un alcance tan global, las escuelas de negocios, al ser de tamaño relativamente pequeño piden herramientas de marketing de bajo coste y alto impacto. ¡Bingo! Los rankings nos resuelven la ecuación: simplifican la oferta y permiten a las escuelas con menor “solera” (es decir, las que no son ni Harvard ni Stanford o MIT) poder tener su “minuto de gloria” reputacional. Pero, ¿generan externalidades positivas?

Para responder a esta segunda pregunta es imprescindible averiguar lo que miden. Para simplificar, tomemos como referencia los rankings de MBA, que son los de mayor impacto. Concretamente, tomemos como referencia los que publican Financial Times, The Economist y Bloomberg BusinessWeek, los tres más populares. ¿Se imaginan qué resultado nos saldría si agregáramos todas las métricas de cada uno de estos tres rankings?

De la combinación resultaría un ranking imaginario en el que un 45% del peso total dependería de métricas relacionadas con la colocación de los graduados (de estas, la mitad, dependería de los salarios), mientras que sólo un 13% dependería de métricas relacionadas con la calidad intrínseca del programa. De lo que se desprende que uno de los mayores incentivos extrínsecos de las escuelas de negocios será atraer a aquellos estudiantes que tengan más posibilidades de colocación y en posiciones con salarios lo más altos posibles (industria financiera y consultoría estratégica).

Los incentivos extrínsecos son altamente seductores, porque prometen un círculo virtuoso de narrativa impecable (mejor ranking, más demanda, mejor selectividad, mejores candidatos, mejores salarios, mejor ranking) pero tienen un problema: si todas las escuelas entran en el mismo juego, y todas tratan de imitar a las líderes del rebaño (Harvard, Stanford), el resultado es doble: se quedan igual que estaban (todas avanzan igual, de forma lineal y progresiva, y a menudo más lentas que las líderes) y además pierden su autenticidad. De hecho, este último aspecto es fundamental, porque comienza a haber evidencias de que las escuelas de negocios que siguen estrategias diferenciadas son las únicas que logran desacoplarse en cierta medida de los rankings.

En definitiva, los rankings provocan el diálogo entre mercado (y sus reglas de juego para lograr reconocimiento en él) y la misión de cada escuela en particular. Tan imprudente es ignorar los rankings como obsesionarse con ellos. Las escuelas de negocios, y también las universidades, tienen que cumplir unos estándares globales al mismo tiempo que cultivar sus valores únicos y diferenciales.

Las 5 crisis económicas que cambiaron la historia

25.2.14

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Cinco años después de que estallara una de las peores crisis financieras de la historia moderna, las cicatrices todavía no se han cerrado.
Mientras siguen surgiendo predicciones que auguran el colapso inminente y los inversionistas prefieren quedarse al margen, la economía global, aunque no tan robusta como antes, no está cayendo en picado, opina el portal Motley Fool.

Pese a que la crisis ha afectado a la vida de muchos, no es tan transformadora como las perores crisis de la historia: el mundo sigue operando del mismo modo que antes.

Para entender el poder transformador que puede tener una crisis financiera, hay que recordar cinco colapsos económicos que cambiaron el curso de la historia, derrumbando imperios, alterando sistemas económicos y cambiando el equilibrio del poder global. 

1929: La Gran Depresión
El crecimiento económico de los años 20 del siglo pasado destacó por la introducción de nuevas tecnologías, productos innovadores en el sector financiero y un entusiasmo sin límites por emplearlos por todos los sectores.

Era el mercado alcista, que experimentó, incluso tras el ajuste por la inflación, un crecimiento bursátil del 400% en ocho años finalizando en 1929.

Había razones económicas importantes y muy legítimas para el crecimiento.

La productividad creció a un ritmo récord durante la década de los 20.

Los automóviles y la electricidad también empezaban a transformar el mundo occidental de una cultura agraria a una urbana. Sin embargo, una exuberancia irracional, combinada con un exceso de recursos prestados (créditos) creado por las innovaciones financieras de la época, finalmente elevó los precios de mercado muy por encima de sus niveles lógicos.

Por la falta de control gubernamental sobre el sistema financiero y sobre la economía en general, no hubo una mano fuerte que pudiera detener la caída al abismo una vez que terminó el optimismo del mercado.

El largo camino hacia la recuperación de la crisis duró 25 años, pasando por una guerra mundial y una transformación irreversible de las instituciones gubernamentales.

1789: La Revolución Francesa
Los últimos 250 años han visto numerosas crisis económicas, pero antes de la Gran Depresión, ninguna había afectado el curso de la historia mundial tan profundamente como la que estuvo detrás del colapso de la monarquía francesa en 1789.

La Francia prerrevolucionaria era una nación en la que las élites adineradas engordaban mientras las masas pasaban hambre.

La nobleza, el clero y la burguesía de clase media-alta suponían alrededor del 10% de la población francesa, pero tenían aproximadamente la mitad de todos los ingresos nacionales en 1788.

Paradójicamente, la Revolución Francesa estalló después de que el rey Luis XVI destinara demasiado dinero del perteneciente a la corona a la revolución estadounidense.


La deuda francesa se elevó a casi 3.000 millones de libras y la mitad de todos los ingresos terminaron yendo hacia la devolución de la misma, a pesar de que las tasas de interés anuales estaban por debajo del 6%.

El déficit siguió creciendo después de la guerra debido a la construcción de la Armada en previsión de nuevas batallas con Gran Bretaña, así que los ministros de Finanzas empezaron a temer que se llegara a una situación de insolvencia.

Los intentos de cambiar el Código Tributario francés por votación de la Asamblea fueron rechazados por la élite.

La sangrienta revolución que siguió sacudió a Francia durante una década, llevando directamente a la época napoleónica y a la eventual transformación de Europa, que pasó de ser un mosaico de territorios vagamente alineados a albergar a varias potencias imperiales.

Gran Bretaña se convirtió en el mayor beneficiario del colapso económico de Francia.

1720: Las burbujas de las compañías del Mar del Sur y del Misisipi

Aunque la burbuja de los tulipanes es más conocida, las burbujas gemelas de South Sea Company (la Compañía del Mar del Sur) y la Compañía del Misisipi, hinchadas en Gran Bretaña y Francia a principios del siglo XVIII, tuvieron un impacto mayor en el mundo financiero global.

Ambas burbujas se capitalizaron sobre el enorme interés público por las crecientes colonias americanas de los dos países y su potencial económico y ambas estallaron por la acción de charlatanes hábiles que gozaron del apoyo explícito del Gobierno.

Antes de estallar, las burbujas se habían hinchado hasta tamaños verdaderamente asombrosos.

Sin necesidad de proporcionar la más mínima evidencia que respaldara las promesas más extravagantes, las compañías se promocionaban como puentes a las incalculables riquezas del Nuevo Mundo.

Contado con un amplio apoyo de sus gobiernos y grandes cantidades de dinero de sus respectivas cortes reales, gozaban de una legitimidad incontestable (aunque no verificable) que prestaba a todo lo que decían una apariencia de verdad.

Fomentadas con toda clase de mentiras sobre los fondos de estas empresas en el Nuevo Mundo, los precios de las acciones se disparaban día tras día.

En cuanto la recuperación de beneficios en la parte superior de cada burbuja se precipitó, muchos inversores quedaron arruinados.

El enojo público producido por estas implosiones contuvo el desarrollo de los mercados comerciales tanto en Gran Bretaña como en Francia durante casi un siglo.

El impacto financiero de las burbujas también fue enorme.

Tras el ajuste por la inflación, la capitalización bursátil combinada de estas dos compañías alcanzó los 500 millones de libras esterlinas en su auge, aproximadamente el equivalente a la mitad de la producción económica de todo el mundo en aquellos momentos.

1627: La quiebra del Imperio español

Las vastas riquezas de oro y plata (unos tres billones de dólares) que mantenía el Imperio español a finales del siglo XVI gracias a las expediciones de los conquistadores al Nuevo Mundo, financiaban las numerosas campañas militares que llevaba a cabo en Europa.

Como consecuencia, España expandió sus territorios hacia una gran parte de Italia, Alemania y los Países Bajos.

Pero las constantes guerras y ocupaciones militares agotaban el tesoro español, que sufría una presión inflacionaria debido al influjo de plata y oro del Nuevo Mundo.

En lugar de reformar las finanzas reales, el ineficaz rey Felipe III condenó a España a un descenso hacia la irrelevancia a largo plazo.

El impago de las deudas de la corona impidió que el Imperio sofocara una rebelión holandesa en 1607.

Este fracaso, cinco años después de que los holandeses establecieran la primera empresa con cotización bursátil de la historia, desplazó el poder económico de Europa hacia Ámsterdam.

El esfuerzo reiterado para someter de nuevo a los Países Bajos en la década de 1620 por el recién coronado rey Felipe IV tropezó con un colapso económico desastroso en la provincia vital española de Castilla, en 1627.

La corona española había devaluado su moneda hasta tal punto que esta se quedó efectivamente sin valor, y las fuerzas españolas tuvieron que vivir de los saqueos que llevaban a cabo en la mencionada provincia por algún tiempo.

La bancarrota de España de 1627 fue la quinta en 70 años, pero esta puso al poder español en decadencia definitivamente, despejando el terreno para el crecimiento de los imperios mercantilistas de los Países Bajos y del Reino Unido.

El ascenso al trono en 1665 del discapacitado y deformado (debido a los sucesivos matrimonios consanguíneos en la familia real) Carlos II fue el último clavo en el ataúd del Imperio español.

235: La crisis del tercer siglo y el declive de Roma
El tardío Imperio Romano, que se había expandido por todo el Mediterráneo y hasta partes de Oriente Medio, África y Asia Menor, vio su economía empezar a resquebrajarse en el siglo III.

Hasta aquel tiempo Roma llevaba casi 800 años proyectando su poder, pero el sistema llegó a ser cada vez más frágil tras el asesinato del emperador Cómodo en el año 193.

La dinastía que asumió el control tras su muerte reinó durante cuatro décadas hasta terminar en el año 235 con el asesinato del emperador Alejandro Severo a manos de sus propios soldados.

La lucha por el poder que siguió, rompió la cohesión interna del Imperio y destruyó de este modo su red comercial.

La degradación de la moneda estaba fuera de control, mientras el Imperio perdía también su dominio sobre las provincias exteriores y se veía obligado a acuñar monedas con cada vez menor cantidad de metal precioso.

Ciudades y pueblos de todos los tamaños se arruinaban y destruían, porque Roma ya no podía pagar a las legiones que siempre habían mantenido la paz dentro de sus fronteras y garantizado la seguridad de los comerciantes y viajeros a lo largo de miles de kilómetros de carreteras.

La avanzada economía interna interdependiente, basada en el comercio, se deterioró (sobre todo en la mitad oriental del imperio) pasándose a un sistema más feudal, en la que los grandes terratenientes construyeron entidades autosuficientes y otorgaron protección a los pobres a cambio de su libertad.

El Imperio dividido finalmente se reparó en el curso de las campañas militares del emperador Aureliano en el año 275, pero nunca recuperó su antigua gloria.

Asia será la región más rica del mundo en 2017

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El mayor temor de EE.UU. parece estar por llegar. De acuerdo con algunos analistas económicos, Asia se convertirá en la región más rica del mundo en menos de cinco años.
Según informa el portal Daily Finance citando un reciente informe de la empresa de consultoría estratégica para la alta dirección The Boston Consulting Group (BCG), que examina la riqueza financiera privada global, la región de Asia-Pacífico (excepto Japón) acumulará un total de 48.100 millones de dólares en riqueza privada para el año 2017. En comparación, se espera que la riqueza acumulada en América del Norte crezca sólo hasta los 48.000 millones de dólares.

De acuerdo con los financistas, se trata de un cambio considerable con respecto a nuestros días, ya que en 2012 (el año más reciente incluido en la encuesta) América del Norte tenía una estimación de 43.300 millones de dólares en comparación con los 28.000 millones de Asia.

El estudio muestra que el crecimiento de la riqueza privada varió considerablemente en 2012 dependiendo de la región, como ya sucediera en años anteriores, destacando una vez más las diferencias de cómo afectaron las fuerzas económicas del año a las economías tradicionales maduras del "viejo mundo" y a las economías en rápido desarrollo del "muevo mundo".

La riqueza se incrementó poco en las regiones del viejo mundo de América del Norte, Europa Occidental y Japón, en comparación con el crecimiento económico del nuevo mundo de Asia-Pacífico (excluyendo Japón), Europa Oriental y América Latina.

La importancia de este "paso del relevo" se sentirá con dureza especial entre las compañías financieras como Bank of America, Morgan Stanley y JPMorgan Chase, tres de los administradores de riqueza más grandes de EE.UU.

Por razones obvias, será fundamental que estas tres empresas hagan 'incursiones' en los mercados emergentes y concretamente en los de Asia. Una de las formas de hacerlo supuestamente será tratar de introducirse en los centros de inversión contratando a los familiares de altos cargos del Gobierno de China.
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