La Tasa Tobin y la justicia fiscal

6.4.14

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45 años después de que James Tobin propusiera la tasa que lleva su nombre, un grupo de países europeos, incluido España, está muy cerca de aplicar conjuntamente un Impuesto sobre las Transacciones Financieras (ITF) inspirado parcialmente en las ideas del economista americano.

El ITF está respaldado por la ONU, el G20, la Comisión Europea, e incluso el FMI, inicialmente reacio. Las razones son sólidas: un impuesto de estas características desincentiva los movimientos especulativos de los mercados financieros, especialmente las operaciones de compraventa de alta frecuencia. Esto es particularmente relevante si se tiene en cuenta que el 80% de las operaciones financieras son esencialmente especulativas, al margen de la economía real. El ITF ayudará a disminuir la volatilidad del mercado al reducir este tipo de operaciones y proporcionará información sobre un sector hasta ahora bastante opaco, dando estabilidad a los mercados e incentivando la inversión en la economía real, la que crea empleos.

La ITF es también una cuestión de justicia. Las entidades financieras, aparte de tener una tributación más baja que el resto de sectores, se han beneficiado enormemente, de forma directa o indirecta, de las operaciones de rescate financiadas por los contribuyentes europeos. De ahí el valor político de una decisión que demuestre a la ciudadanía que el sistema financiero también asume parte de los costes generados por la crisis de la cual es en gran medida responsable.

Dado el enorme volumen de transacciones financieras, muy superior a las de la economía real, el impuesto tiene un altísimo potencial recaudatorio, incluso si se redujeran las operaciones como consecuencia del gravamen. La Comisión Europea estima que dependiendo de las transacciones gravadas se podría recaudar entre 30.000 y 35.000 millones de euros.

Además, se trata de un impuesto progresivo y redistributivo; el grueso de la recaudación será soportado por un grupo pequeño de personas de altos ingresos, e instituciones como fondos de inversión. Por el contrario, operaciones bancarias corrientes no estarán gravadas, por lo que los contribuyentes individuales apenas lo notarán.

Un aspecto fundamental de la ITF es el destino de los recursos recaudados. Desde sus inicios, sus promotores (Gobiernos, instituciones multilaterales, ONGs, economistas prestigiosos), han defendido su carácter finalista: que los fondos sean destinados a paliar las consecuencias de la crisis financiera, en programas sociales en los países que lo implementen o para la lucha contra la pobreza en el mundo. La tentación de los gobiernos será probablemente dedicar esos recursos a reducir el déficit público o al saneamiento de los bancos. Es por ello fundamental movilizar a la sociedad civil europea para impedir que eso ocurra. La ITF es y debe ser el germen de un impuesto internacional, destinado a financiar bienes públicos internacionales, la lucha contra el cambio climático y a políticas sociales.

Tras la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el Reino Unido y otros países, el 22 de enero de 2013 el Consejo Europeo aprobó que la ITF se llevara adelante como una Cooperación Reforzada por 11 países miembros de la UE, siguiendo la propuesta de la Comisión ampliamente argumentada y validada legalmente. Sencillamente, consiste en la imposición de una mínima tasa de entre 0,05 y 0,1% sobre todas las transacciones financieras internacionales que se realicen en estos países o con valores generados en ellos. Esto último es lo que se conoce como una base amplia, que incluye no solo las acciones, sino también los bonos, los derivados, e incluso las divisas.

Los países y la Comisión llevan más de un año negociando duramente los detalles técnicos y la fecha de entrada en vigor. Las presiones de la industria financiera contra la ITF son tremendas, esgrimiendo todo tipo de argumentos sobre los supuestos efectos desastrosos que producirá. La mayoría de las críticas no se sustentan empíricamente y no dejan de sorprender, pues hace años que países como el Reino Unido y otros aplican impuestos similares de manera exitosa. La enorme oposición de los poderes financieros contrasta con el altísimo nivel de apoyo popular; las encuestas muestran que el 63% de los europeos y el 50% de los españoles están a favor de la ITF, algo extraordinario tratándose de un nuevo impuesto.

España ha sido uno de los países líderes en promover la ITF a nivel mundial en los foros internacionales y uno de los primeros que comprometió su apoyo a nivel europeo. Sin embargo, recientemente el Gobierno se ha desmarcado de manera desafortunada de su postura inicial, en favor de una versión “desvirtuada” del gravamen. Así, en lugar de una base imponible amplia de aplicación, como desean Alemania y Austria, defiende ahora limitarla a la compraventa de acciones de grandes compañías, excluyendo otros productos como los bonos o los derivados.

El cambio en la posición española, bastante similar a la de Francia por cierto, altera radicalmente los beneficios esperados del impuesto hasta dejarlos en menos de 4 mil millones de euros, reflejando a las claras la rendición del gobierno ante los lobbies financieros. Ello, pese a que son los ciudadanos, especialmente en países como España, quienes han sufrido las consecuencias de la crisis originada por la explosión de las burbujas financieras especulativas que durante años engordaron las arcas de los especuladores.

En la última Cumbre Franco-Alemana celebrada a fines de febrero pasado ambos gobiernos se comprometieron a alcanzar un acuerdo sobre la ITF antes de las próximas elecciones europeas de mayo. Pero llueve sobre mojado. Por eso, se necesita la movilización de la sociedad civil europea, incluida la española, para demandar el cumplimiento de estos compromisos, rechazando versiones adelgazadas o calendarios de aplicación graduales y poco claros.

Evidentemente el Impuesto sobre las Transacciones Financieras no evitará todos los desmanes del sistema financiero, pero no por ello deja de ser un instrumento útil para la regulación financiera. En último término, el ITF constituye una fuente importante de recursos para la lucha contra la pobreza y un acto de justicia con los ciudadanos, a un mínimo coste sobre el sistema económico.

Paul Krugman: "China puede romper la racha de suerte de Perú"

19.3.14

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El Premio Nobel de Economía advierte que Perú está muy expuesto a una bastante probable crisis de China en el corto plazo

El Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, consideró que, globalmente, China es el escenario más probable de la próxima crisis económica global, ajuste que afectaría al Perú, debido a que nuestro modelo exportador de materias primas depende de la ansiosa demanda de la potencia china.

Respecto a una posible futura desaceleración china, Krugman señaló que "creo que hay un alto riesgo de que eso ocurra. En términos de las preocupaciones en el corto plazo, me preocupa mucho. Globalmente, China parece ser el escenario más probable de la próxima crisis mundial", en entrevista con El Comercio.

"Para un exportador de materias primas como el Perú, está más expuesto que otros países. Estados Unidos, o incluso México, pueden afrontar problemas en China, a diferencia del Perú. Esto podría romper la racha de buena suerte del Perú", advirtió.

DRAGÓN EN DESEQUILIBRIO

El economista, que participará hoy en el seminario Nuevos paradigmas en competitividad, organizado por ESAN con el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla y el presidente del BCR, Julio Velarde, señaló que el temor sobre China en el corto plazo es generado porque "tiene claramente una estructura económica inestable ahora y no parece que estén en control de las cosas".

"El sistema informal chino tiene en sus manos altos niveles de apalancamiento, exacerbados por el hecho de que no sabemos cuáles son los números y podemos suponer que tampoco lo sabe. Pekín recibe los números de las provincias, pero los gobiernos provinciales pueden reportarle los números que quiere escuchar. Si se busca un sitio en la economía mundial donde los desequilibrios muestran que algo va a ceder y que puede haber un mal ajuste, China se destaca en este momento", sentenció.

Deflación: otra amenaza a la eurozona

14.3.14

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Por: Emilio Ontiveros | 14 de marzo de 2014

La estabilidad de los precios, objetivo fundamental que orienta la política monetaria que define el BCE, no obliga únicamente a impedir grandes elevaciones de los mismos: también a velar porque no haya descensos excesivos. Ambos son contraproducentes.

En la eurozona ya son varios los meses en los que la tasa de variación de los precios -la general y la subyacente- se encuentra por debajo del 1%, en el 0,8% el pasado febrero. Recordemos que el objetivo de estabilidad de precios que tiene asignado el BCE tiene como referencia una tasa de inflación medida por el índice armonizado de precios al consumo “por debajo, pero cercana al 2%, en el medio plazo”. En algunas economías, la española sin ir más lejos, esa tasa está próxima a cero. No es la primera vez que nos enfrentamos a caídas en el nivel general de precios: en 2009 el conjunto de la eurozona, y dentro de ella algunas economías, definieron variaciones negativas durante varios meses. El temor a la deflación –descenso continuado en el nivel general de precios- ha entrado en escena y, con ella, la memoria de lo ocurrido en Japón durante casi veinte años.

Esa ausencia de inflación coexiste con ritmos tibios de crecimiento de la demanda, que no permitirán a la eurozona crecer más del 1,5% este año y tasas medias de desempleo del 12%. La normalización de la actividad crediticia es lenta y la fragmentación financiera sigue siendo explícita, poco acorde con un área monetaria común. Además, la competitividad de las exportaciones fuera de la eurozona sigue erosionada por un tipo de cambio del euro apreciado frente a las principales divisas. Son condiciones que en cualquier banco central habrían motivado decisiones en la dirección de evitar males mayores a los que ya se están padeciendo. Pero el BCE, a tenor de la comparecencia de su presidente tras la última reunión de su Consejo de Gobierno, apenas dio muestras de inquietud.

Es verdad que la caracterización más estricta de un proceso deflacionista -descensos de precios generalizados en bienes y en el seno de diversas economías, y que se realimentan entre ellos- asumida por el propio presidente del BCE puede quedar algo distante de la “desinflación” que por el momento está experimentado la eurozona. Es cierto también que salvo en tres países la tasa de inflación se encuentra hoy en territorio positivo. Y que hasta ahora los descensos en precios no son de todos los bienes. En el caso de España, los datos de febrero señalan que el 40% de los artículos del IPC registran tasas de variación negativas, frente al 20% del promedio europeo.

Lo que ya está menos claro es que ese tercer rasgo de la definición más estricta, la posibilidad de realimentación de las expectativas desinflacionistas, no exista en la actualidad. Algunos colegas miran a este respecto lo que expresan los tipos de interés a dos y cinco años en los mercados de bonos y señalan que si asumiéramos su capacidad de anticipación, la inflación va a seguir siendo peligrosamente baja durante, al menos, esos plazos. El bono alemán con vencimiento a dos años cotiza en el 0,17% y el español en el 0,87%; el cinco años en el 0,70% y 2%, respectivamente. Si creyéramos que esos tipos incorporan la inflación a esos plazos, es posible que las negociaciones en algunas rentas, los salarios por ejemplo, y en otros precios o tarifas, pudieran llegar a asumir como verosímiles esas tasas de inflación implícitas en los bonos. Y mal asunto, para la demanda nacional y para la salud bancaria, si la renta disponible de las familias sigue bajando en economías como la española. Es verdad que los bonos a diez años ya tienen rendimientos algo más elevados, pero la experiencia japonesa nos dice que las expectativas de los bonos con vencimiento a tan largo plazo pueden ser engañosas.

Con todo, no hace falta llegar a esa caracterización extrema del fenómeno de la deflación para intentar anticipar sus efectos. Veamos primero las ventajas. La más evidente de una senda desinflacionista es la preservación del poder adquisitivo de las rentas. Desde luego de aquellos agentes que tengan la suerte de tener asegurada la percepción de las mismas, sean del trabajo o del capital. Los que sean ahorradores netos están también de suerte. Además, la caída de los precios, por sí sola (si las demás variables que determinan la competitividad no se mueven), es también un reforzamiento de la competitividad de las exportaciones. Siempre y cuando, claro está, nuestros principales socios comerciales no se vean inmersos en la misma corriente descendente de precios. Y aquí volvería a ser muy conveniente que en las economías del norte de la eurozona hubiera algo más de inflación, de mayor impulso a la demanda, en definitiva.

Efectivamente, son los acreedores los que salen ganando cuando la inflación desciende. Los que tengan deudas lo pasarán mal: pagarán más en términos reales. Y los españoles -las familias, las empresas y las AAPP-, a pesar del desapalancamiento reciente, somos importantes deudores y tenemos una de las tasas más bajas de inflación: del 0% en febrero. Precisamente las economías más endeudadas de la eurozona son las que ahora tienen una inflación menor. Una baja tasa de variación de los precios significa mayor stock de deuda y mayor carga de intereses en términos reales. Este es el peor de los efectos, con capacidad suficiente para compensar ese favorable que es sin duda el ajuste en precios relativos comentado en el párrafo anterior que podría llegar a intensificar la competitividad exterior de nuestras empresas.

Tampoco es precisamente saludable el efecto sobre todas las formas de gasto que origina: si los precios van a seguir bajando dejamos para más adelante la reposición del tresillo o incluso la inversión más necesaria en nuestras empresas. Y ese tipo de espiral en momentos como el actual no es precisamente aconsejable en la eurozona.

Son razones para que el BCE no caiga en la complacencia, ni tampoco eche en saco roto la experiencia japonesa: su colega el Banco de Japón tardó en reaccionar y ahora le está costando convencer a propios y extraños de que la inflación repuntará en su economía. El propio FMI (http://blog-imfdirect.imf.org/2014/03/04/euro-area-deflation-versus-lowflation/) acaba de advertir sobre sus peligros en la eurozona. Es verdad que a Draghi le están marcando los halcones dirigidos por Jens Weidman del Bundesbank, respaldado por una gran mayoría de alemanes que mantienen una intensa aversión a la inflación. Pero mejor sería no flirtear con la deflación, una señora peligrosamente pegajosa y devoradora de crecimiento de las economías. Por mucho que quiera guardar equilibrios en su consejo de gobierno, el presidente del BCE no debería asumir excesivos riesgos. Y el de la caída excesiva de los precios no es menor sobre la todavía precaria recuperación de la eurozona. Ante situaciones económicas excepcionales, decisiones de la misma naturaleza, aunque se salten las convenciones al uso en Alemania.

Marketing social para políticas públicas efectivas y eficientes

27.2.14

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Por David Solano el 19 de Febrero 2014

Las políticas públicas son directrices que da el Estado para llevar a cabo acciones que impulsen su desarrollo. Asimismo, son la base de la gestión pública; es decir, el conjunto de decisiones y reglas necesarias de adoptar para motivar y coordinar a las personas con el objetivo de alcanzar las metas del Estado.

A partir de esta definición podemos concluir que la base de las políticas y de la gestión pública es su aceptación y aplicación por parte del público, pero para llegar al "ciudadano de a pie", primero debe tener la aceptación de los funcionarios públicos encargados (su compromiso). En otras palabras, tomar en cuenta la aceptación de la política por parte de ambos (público y funcionarios) es fundamental para el éxito de una política pública.

Pensando precisamente que este éxito depende de la participación informada y convencida, el marketing social puede ser un excelente instrumento para la aplicación exitosa de una política pública.

Siguiendo la lógica de esta herramienta, primero se debe tener claro cuál es el público objetivo que debe aplicar esta política, teniendo en cuenta que el público primario es quien debe aplicar directamente lo planteado y el secundario quien puede ver afectado su trabajo con este política. La capacidad de definir adecuadamente el público es fundamental.

Luego tenemos que definir el instrumento de política; es decir, la propuesta específica que nos debe llevar a aplicar la política. También tenemos que saber que podría hacer que el público objetivo rechace o no quiera aplicar el instrumento de política, para mejorar la propuesta.

También es necesario definir los canales; es decir, cuáles son las instituciones que deben implementar la propuesta, las cuales deben ser dotadas de las capacidades para aplicar bien el instrumento de política. Al final, la comunicación (masiva, talleres, asesorías, etc.) deben basarse en este diseño e involucrar al público objetivo y los canales en el proceso.

En conclusión, aplicar el marketing social eleva la posibilidad de una aplicación exitosa de políticas públicas, más aún en un país tan heterogéneo como el Perú.

Relaciones económicas entre Perú y Chile luego del fallo de La Haya

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Según el representante exportador, el fallo ha sido un triunfo para ambos países, pues con él se terminó un elemento de desconfianza y los gobiernos ya no se distraerán en este punto de conflicto, lo que favorecerá que las fronteras se mantengan abiertas.

Eduardo Amorrortu añadió que por el lado de Perú debemos estar satisfechos, pues no solo se ha logrado cerrar la frontera, sino que se ha incorporado una parte del territorio marítimo al país, lo que es un triunfo.

"Ha sido un fallo aglutinador y ahora nos queda trabajar juntos, desarrollando nuestros países, mejorando las relaciones y dinamizando las inversiones al mismo tiempo, pues tenemos muchos puntos en común", refirió el titular de ADEX.

También sostuvo que los empresarios de ambos lados podrán trabajar en sociedad en el avance de nuevas potencialidades y opciones, como la Alianza del Pacífico, que sería otro punto para seguir colaborando unidos.

"Este fallo de la Corte de La Haya nos abre una puerta importante para trabajar juntos hacia el futuro, como ocurrió con Ecuador en su momento, pues, luego del cierre de nuestras fronteras se generó una actividad comercial espectacular. En ese contexto, sin duda las actividades comerciales con Chile seguirán creciendo", afirmó en declaraciones publicadas por la agencia de noticias Andina. Previamente, ADEX difundió un comunicado.

Amorrortu mencionó que el territorio marítimo incorporado a Perú puede favorecer la pesca de altura (lejana de la costa). "Se ha ganado un área de jurisdicción marítima para la pesca de altura y hay que desarrollarla", anotó. Añadió que las especies marinas que pueden encontrarse en esa zona son el perico, la pota, la caballa y el jurel, entre otras.

Para Eduardo McBride, profesor del MBA Tiempo Completo de ESAN, se debe tener en cuenta que los empresarios se han mantenido al margen de la discusión sobre el resultado del litigio marítimo entre Perú y Chile. Salvo la presencia de sus dirigentes gremiales convocados por el Presidente de la República, los empresarios han preferido abstenerse en dar comentarios previos al fallo de La Haya, destacó.

"Esto ha sido, con toda premeditación, para no involucrarse en los dimes y diretes políticos y, en cambio, permanecer expectantes para que los US$ 12,000 millones de inversiones chilenas en el Perú y los US$ 8,000 millones de inversiones peruanas en Chile, sigan incrementándose", manifestó McBride.

Los molestos economistas progres

26.2.14

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Por: Paul Krugman | 26 de febrero de 2014

Jonathan Gruber está indignado y no va a seguir soportándolo. En un reciente artículo para The New Republic, el eminente economista de la salud y arquitecto de la reforma sanitaria ha escrito acerca de su irritación con Casey Mulligan, que ha tergiversado sus puntos de vista, y también los míos, en una columna digital para The New York Times a principios de este mes.

Gruber tiene motivos para estar furioso: la columna era denigrante y falaz. Pero creo que deberíamos situarla en una perspectiva más amplia: la del perenne mito del estúpido economista progresista.

Por lo tanto, en lo que se refiere a Mulligan, un economista de la Universidad de Chicago: como demostraba Gruber, en su columna incluía numerosos embustes, asegurando que cosas que había escrito él eran las conclusiones de un reciente informe de la Oficina de Presupuestos del Congreso, cuando no lo eran. Eran opiniones del propio Mulligan, sacadas, digamos, de la manga, que él atribuía a la oficina de presupuestos para darles una apariencia de autoridad.

Aparte de eso, Mulligan decía a los lectores que tanto Gruber como yo somos demasiado estúpidos o demasiado cobardes para reconocer que, en Estados Unidos, la ausencia de incentivos para trabajar producto de determinados aspectos de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible impone costes económicos.

Uno sospecha que Mulligan ciertamente no ha leído un par de artículos con enlaces en su columna. Si lo hubiese hecho, habría encontrado esto, extraído de un artículo de opinión de Gruber en The Los Angeles Times: “La Oficina de Presupuestos del Congreso también prevé la reducción del trabajo por parte de aquellas personas que acortan sus horas o evitan ascender en la escala laboral porque no quieren dejar de tener derecho a Medicaid, o porque no quieren que los ingresos por su salarios sean tan elevados que puedan hacerles perder las desgravaciones fiscales para ayudarles a pagar las primas del seguro. A diferencia del abandono voluntario del puesto de trabajo, este segundo tipo de reducción del trabajo podría conllevar auténticas distorsiones económicas, y ser un coste, y no un beneficio”.

Y esto otro, de mi columna en The New York Times del 6 de febrero: “Para que quede claro, el previsto descenso a largo plazo de las horas de trabajo no es del todo positivo. Los trabajadores que decidan pasar más tiempo con sus familias saldrán ganando, pero también impondrán una cierta carga al resto de la sociedad, por ejemplo, al pagar menos impuestos sobre la nómina y sobre la renta. Por lo tanto, Obamacare tiene un cierto coste más allá de las subvenciones del seguro”.

Así que los dos reconocemos que hay efectos en los incentivos, y que tienen un coste; pero los dos sostenemos con argumentos cuantitativos que no es un gran coste. Y ni mucho menos el liberalismo doctrinario que Mulligan ha creído ver.

Vayamos a una cuestión más general. Lo que se observa en esta columna concreta de Mulligan es el mismo mito conservador acerca de los economistas progresistas que me encuentro continuamente en muchos contextos.

La cosa funciona así: los conservadores en general, y los economistas conservadores en particular, suelen tener una visión muy limitada acerca de qué trata la economía en general, es decir, la oferta, la demanda y los incentivos. Cualquier cosa que interfiera en el funcionamiento sagrado de los mercados o merme los incentivos a la producción tiene que ser mala por fuerza; cada vez que un economista progresista defiende políticas que no encajan a la perfección en esta ortodoxia, tiene que ser porque no entiende la economía básica. Y los economistas conservadores están tan seguros de esto que no se pueden molestar en leer realmente lo que escriben los progresistas. Al primer atisbo de desviación del laissez-faire, dejan de prestar atención y empiezan a debatir con los estúpidos progresistas que hay en sus mentes, no con los economistas de verdad que están ahí.

En consecuencia, muchos conservadores parecen absolutamente incapaces de tomar en consideración la idea de que gente como Gruber o usted puedan entender perfectamente la economía básica y, no obstante, creer muy razonablemente que es preciso ir más allá.

Sobre la cuestión de la asistencia sanitaria: sí, hay efectos en los incentivos, como ocurre con todos los seguros, por cierto. Pero también hay buenos motivos para pensar que hay una seria imperfección del mercado en la forma de vinculación al puesto de trabajo – es decir, empleados que se sienten atrapados en sus empleos porque no tienen la seguridad de poder tener un seguro de salud subvencionado si se trasladan – y que, incluso al margen de esto, ampliar el seguro sanitario tiene importantes ventajas que hay que sopesar frente a cualquier coste. Todo esto está dicho brevemente en los dos artículos criticados por Mulligan, y mucho más extensamente en nuestros otros escritos. Pero como pasa con tanta frecuencia, los conservadores desarrollan problemas de comprensión lectora cuando surge este tipo de asuntos.

Me he topado con reacciones similares en muchas otras cuestiones. ¿Está usted diciendo que el déficit presupuestario es útil en una economía deprimida? Lo que debe de estar diciendo en realidad es que los déficits y los Gobiernos grandes siempre son buenos, lo cual es una estupidez, jajaja. ¿Está usted diciendo que, en una economía con contracción de la demanda, el aumentar los subsidios por desempleo puede crear puestos de trabajo? Pero hace tiempo también dijo que el seguro de paro puede aumentar la tasa natural de desempleo, o sea, que es usted estúpido, jajaja.

En fin, en todo caso, alguien está siendo estúpido.

Traducción de News Clips.

© 2014 The New York Times.

Los rankings de escuelas de negocios: ¿círculo virtuoso o vicioso?

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Por Iván Bofarull, Unidad de Inteligencia de Mercado y Rankings - Decanato de Management

En los últimos años se ha escrito mucha literatura sobre los rankings de escuelas de negocios. Pero hay dos preguntas que apuntan al corazón de la cuestión: ¿Son realmente útiles? ¿producen externalidades positivas?

Para responder a la primera pregunta sólo hace falta observar la estructura de la industria de las escuelas de negocios y la naturaleza de sus estudiantes. En primer lugar, se trata de una industria hiper-fragmentada, con unas 800 escuelas de negocios acreditadas internacionalmente y una demanda global creciente y móvil. Cada año, unos 300,000 candidatos se examinan para sacar la máxima puntuación en el test del GMAT y así poder optar a una plaza para estudiar un MBA en alguna de las mejores escuelas del mundo.

Así como hace un par de décadas los patrones de movilidad estaban muy definidos (principalmente, de resto del mundo hacia EE.UU), hoy en día el mapa de movilidad se ha vuelto más multipolar. Hoy es normal que estudiantes norteamericanos quieran cursar un MBA en Europa y que estudiantes europeos quieran ir a Singapur. Cuando se da este fenómeno, el conjunto de la oferta se vuelve pertinente, de manera que el perímetro de relevancia deja ser local o regional, se acentúa la fragmentación, y es precisamente esta fragmentación la que requiere de herramientas que ordenen y simplifiquen la oferta. Para lograr un alcance tan global, las escuelas de negocios, al ser de tamaño relativamente pequeño piden herramientas de marketing de bajo coste y alto impacto. ¡Bingo! Los rankings nos resuelven la ecuación: simplifican la oferta y permiten a las escuelas con menor “solera” (es decir, las que no son ni Harvard ni Stanford o MIT) poder tener su “minuto de gloria” reputacional. Pero, ¿generan externalidades positivas?

Para responder a esta segunda pregunta es imprescindible averiguar lo que miden. Para simplificar, tomemos como referencia los rankings de MBA, que son los de mayor impacto. Concretamente, tomemos como referencia los que publican Financial Times, The Economist y Bloomberg BusinessWeek, los tres más populares. ¿Se imaginan qué resultado nos saldría si agregáramos todas las métricas de cada uno de estos tres rankings?

De la combinación resultaría un ranking imaginario en el que un 45% del peso total dependería de métricas relacionadas con la colocación de los graduados (de estas, la mitad, dependería de los salarios), mientras que sólo un 13% dependería de métricas relacionadas con la calidad intrínseca del programa. De lo que se desprende que uno de los mayores incentivos extrínsecos de las escuelas de negocios será atraer a aquellos estudiantes que tengan más posibilidades de colocación y en posiciones con salarios lo más altos posibles (industria financiera y consultoría estratégica).

Los incentivos extrínsecos son altamente seductores, porque prometen un círculo virtuoso de narrativa impecable (mejor ranking, más demanda, mejor selectividad, mejores candidatos, mejores salarios, mejor ranking) pero tienen un problema: si todas las escuelas entran en el mismo juego, y todas tratan de imitar a las líderes del rebaño (Harvard, Stanford), el resultado es doble: se quedan igual que estaban (todas avanzan igual, de forma lineal y progresiva, y a menudo más lentas que las líderes) y además pierden su autenticidad. De hecho, este último aspecto es fundamental, porque comienza a haber evidencias de que las escuelas de negocios que siguen estrategias diferenciadas son las únicas que logran desacoplarse en cierta medida de los rankings.

En definitiva, los rankings provocan el diálogo entre mercado (y sus reglas de juego para lograr reconocimiento en él) y la misión de cada escuela en particular. Tan imprudente es ignorar los rankings como obsesionarse con ellos. Las escuelas de negocios, y también las universidades, tienen que cumplir unos estándares globales al mismo tiempo que cultivar sus valores únicos y diferenciales.

Las 5 crisis económicas que cambiaron la historia

25.2.14

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Cinco años después de que estallara una de las peores crisis financieras de la historia moderna, las cicatrices todavía no se han cerrado.
Mientras siguen surgiendo predicciones que auguran el colapso inminente y los inversionistas prefieren quedarse al margen, la economía global, aunque no tan robusta como antes, no está cayendo en picado, opina el portal Motley Fool.

Pese a que la crisis ha afectado a la vida de muchos, no es tan transformadora como las perores crisis de la historia: el mundo sigue operando del mismo modo que antes.

Para entender el poder transformador que puede tener una crisis financiera, hay que recordar cinco colapsos económicos que cambiaron el curso de la historia, derrumbando imperios, alterando sistemas económicos y cambiando el equilibrio del poder global. 

1929: La Gran Depresión
El crecimiento económico de los años 20 del siglo pasado destacó por la introducción de nuevas tecnologías, productos innovadores en el sector financiero y un entusiasmo sin límites por emplearlos por todos los sectores.

Era el mercado alcista, que experimentó, incluso tras el ajuste por la inflación, un crecimiento bursátil del 400% en ocho años finalizando en 1929.

Había razones económicas importantes y muy legítimas para el crecimiento.

La productividad creció a un ritmo récord durante la década de los 20.

Los automóviles y la electricidad también empezaban a transformar el mundo occidental de una cultura agraria a una urbana. Sin embargo, una exuberancia irracional, combinada con un exceso de recursos prestados (créditos) creado por las innovaciones financieras de la época, finalmente elevó los precios de mercado muy por encima de sus niveles lógicos.

Por la falta de control gubernamental sobre el sistema financiero y sobre la economía en general, no hubo una mano fuerte que pudiera detener la caída al abismo una vez que terminó el optimismo del mercado.

El largo camino hacia la recuperación de la crisis duró 25 años, pasando por una guerra mundial y una transformación irreversible de las instituciones gubernamentales.

1789: La Revolución Francesa
Los últimos 250 años han visto numerosas crisis económicas, pero antes de la Gran Depresión, ninguna había afectado el curso de la historia mundial tan profundamente como la que estuvo detrás del colapso de la monarquía francesa en 1789.

La Francia prerrevolucionaria era una nación en la que las élites adineradas engordaban mientras las masas pasaban hambre.

La nobleza, el clero y la burguesía de clase media-alta suponían alrededor del 10% de la población francesa, pero tenían aproximadamente la mitad de todos los ingresos nacionales en 1788.

Paradójicamente, la Revolución Francesa estalló después de que el rey Luis XVI destinara demasiado dinero del perteneciente a la corona a la revolución estadounidense.


La deuda francesa se elevó a casi 3.000 millones de libras y la mitad de todos los ingresos terminaron yendo hacia la devolución de la misma, a pesar de que las tasas de interés anuales estaban por debajo del 6%.

El déficit siguió creciendo después de la guerra debido a la construcción de la Armada en previsión de nuevas batallas con Gran Bretaña, así que los ministros de Finanzas empezaron a temer que se llegara a una situación de insolvencia.

Los intentos de cambiar el Código Tributario francés por votación de la Asamblea fueron rechazados por la élite.

La sangrienta revolución que siguió sacudió a Francia durante una década, llevando directamente a la época napoleónica y a la eventual transformación de Europa, que pasó de ser un mosaico de territorios vagamente alineados a albergar a varias potencias imperiales.

Gran Bretaña se convirtió en el mayor beneficiario del colapso económico de Francia.

1720: Las burbujas de las compañías del Mar del Sur y del Misisipi

Aunque la burbuja de los tulipanes es más conocida, las burbujas gemelas de South Sea Company (la Compañía del Mar del Sur) y la Compañía del Misisipi, hinchadas en Gran Bretaña y Francia a principios del siglo XVIII, tuvieron un impacto mayor en el mundo financiero global.

Ambas burbujas se capitalizaron sobre el enorme interés público por las crecientes colonias americanas de los dos países y su potencial económico y ambas estallaron por la acción de charlatanes hábiles que gozaron del apoyo explícito del Gobierno.

Antes de estallar, las burbujas se habían hinchado hasta tamaños verdaderamente asombrosos.

Sin necesidad de proporcionar la más mínima evidencia que respaldara las promesas más extravagantes, las compañías se promocionaban como puentes a las incalculables riquezas del Nuevo Mundo.

Contado con un amplio apoyo de sus gobiernos y grandes cantidades de dinero de sus respectivas cortes reales, gozaban de una legitimidad incontestable (aunque no verificable) que prestaba a todo lo que decían una apariencia de verdad.

Fomentadas con toda clase de mentiras sobre los fondos de estas empresas en el Nuevo Mundo, los precios de las acciones se disparaban día tras día.

En cuanto la recuperación de beneficios en la parte superior de cada burbuja se precipitó, muchos inversores quedaron arruinados.

El enojo público producido por estas implosiones contuvo el desarrollo de los mercados comerciales tanto en Gran Bretaña como en Francia durante casi un siglo.

El impacto financiero de las burbujas también fue enorme.

Tras el ajuste por la inflación, la capitalización bursátil combinada de estas dos compañías alcanzó los 500 millones de libras esterlinas en su auge, aproximadamente el equivalente a la mitad de la producción económica de todo el mundo en aquellos momentos.

1627: La quiebra del Imperio español

Las vastas riquezas de oro y plata (unos tres billones de dólares) que mantenía el Imperio español a finales del siglo XVI gracias a las expediciones de los conquistadores al Nuevo Mundo, financiaban las numerosas campañas militares que llevaba a cabo en Europa.

Como consecuencia, España expandió sus territorios hacia una gran parte de Italia, Alemania y los Países Bajos.

Pero las constantes guerras y ocupaciones militares agotaban el tesoro español, que sufría una presión inflacionaria debido al influjo de plata y oro del Nuevo Mundo.

En lugar de reformar las finanzas reales, el ineficaz rey Felipe III condenó a España a un descenso hacia la irrelevancia a largo plazo.

El impago de las deudas de la corona impidió que el Imperio sofocara una rebelión holandesa en 1607.

Este fracaso, cinco años después de que los holandeses establecieran la primera empresa con cotización bursátil de la historia, desplazó el poder económico de Europa hacia Ámsterdam.

El esfuerzo reiterado para someter de nuevo a los Países Bajos en la década de 1620 por el recién coronado rey Felipe IV tropezó con un colapso económico desastroso en la provincia vital española de Castilla, en 1627.

La corona española había devaluado su moneda hasta tal punto que esta se quedó efectivamente sin valor, y las fuerzas españolas tuvieron que vivir de los saqueos que llevaban a cabo en la mencionada provincia por algún tiempo.

La bancarrota de España de 1627 fue la quinta en 70 años, pero esta puso al poder español en decadencia definitivamente, despejando el terreno para el crecimiento de los imperios mercantilistas de los Países Bajos y del Reino Unido.

El ascenso al trono en 1665 del discapacitado y deformado (debido a los sucesivos matrimonios consanguíneos en la familia real) Carlos II fue el último clavo en el ataúd del Imperio español.

235: La crisis del tercer siglo y el declive de Roma
El tardío Imperio Romano, que se había expandido por todo el Mediterráneo y hasta partes de Oriente Medio, África y Asia Menor, vio su economía empezar a resquebrajarse en el siglo III.

Hasta aquel tiempo Roma llevaba casi 800 años proyectando su poder, pero el sistema llegó a ser cada vez más frágil tras el asesinato del emperador Cómodo en el año 193.

La dinastía que asumió el control tras su muerte reinó durante cuatro décadas hasta terminar en el año 235 con el asesinato del emperador Alejandro Severo a manos de sus propios soldados.

La lucha por el poder que siguió, rompió la cohesión interna del Imperio y destruyó de este modo su red comercial.

La degradación de la moneda estaba fuera de control, mientras el Imperio perdía también su dominio sobre las provincias exteriores y se veía obligado a acuñar monedas con cada vez menor cantidad de metal precioso.

Ciudades y pueblos de todos los tamaños se arruinaban y destruían, porque Roma ya no podía pagar a las legiones que siempre habían mantenido la paz dentro de sus fronteras y garantizado la seguridad de los comerciantes y viajeros a lo largo de miles de kilómetros de carreteras.

La avanzada economía interna interdependiente, basada en el comercio, se deterioró (sobre todo en la mitad oriental del imperio) pasándose a un sistema más feudal, en la que los grandes terratenientes construyeron entidades autosuficientes y otorgaron protección a los pobres a cambio de su libertad.

El Imperio dividido finalmente se reparó en el curso de las campañas militares del emperador Aureliano en el año 275, pero nunca recuperó su antigua gloria.

Asia será la región más rica del mundo en 2017

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El mayor temor de EE.UU. parece estar por llegar. De acuerdo con algunos analistas económicos, Asia se convertirá en la región más rica del mundo en menos de cinco años.
Según informa el portal Daily Finance citando un reciente informe de la empresa de consultoría estratégica para la alta dirección The Boston Consulting Group (BCG), que examina la riqueza financiera privada global, la región de Asia-Pacífico (excepto Japón) acumulará un total de 48.100 millones de dólares en riqueza privada para el año 2017. En comparación, se espera que la riqueza acumulada en América del Norte crezca sólo hasta los 48.000 millones de dólares.

De acuerdo con los financistas, se trata de un cambio considerable con respecto a nuestros días, ya que en 2012 (el año más reciente incluido en la encuesta) América del Norte tenía una estimación de 43.300 millones de dólares en comparación con los 28.000 millones de Asia.

El estudio muestra que el crecimiento de la riqueza privada varió considerablemente en 2012 dependiendo de la región, como ya sucediera en años anteriores, destacando una vez más las diferencias de cómo afectaron las fuerzas económicas del año a las economías tradicionales maduras del "viejo mundo" y a las economías en rápido desarrollo del "muevo mundo".

La riqueza se incrementó poco en las regiones del viejo mundo de América del Norte, Europa Occidental y Japón, en comparación con el crecimiento económico del nuevo mundo de Asia-Pacífico (excluyendo Japón), Europa Oriental y América Latina.

La importancia de este "paso del relevo" se sentirá con dureza especial entre las compañías financieras como Bank of America, Morgan Stanley y JPMorgan Chase, tres de los administradores de riqueza más grandes de EE.UU.

Por razones obvias, será fundamental que estas tres empresas hagan 'incursiones' en los mercados emergentes y concretamente en los de Asia. Una de las formas de hacerlo supuestamente será tratar de introducirse en los centros de inversión contratando a los familiares de altos cargos del Gobierno de China.

Energía, pobreza y cambio climático

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El cambio climático es muy poco equitativo: aunque los países desarrollados somos los que más contribuimos a las emisiones de gases de efecto invernadero, son los países del Sur, que solo emiten el 20%, los que sufren las peores consecuencias. Latinoamérica es un ejemplo de ello. Esta región es, después de África, la que menos emite a nivel internacional. Considerando la contribución per cápita, cualquier ciudadano de un país desarrollado emite el triple de gases de efecto invernadero que uno de Latinoamérica. Sin embargo, es una de las zonas del mundo más vulnerable a los efectos del cambio climático, entre otras cosas porque la mayor parte de su territorio se sitúa en la franja de huracanes y hay muchas zonas costeras y bajas, con elevado riesgo de inundación por el previsible incremento en el nivel del mar.

Conscientes de la situación, los países industrializados han llegado a compromisos en el marco de las convenciones de Naciones Unidas sobre el cambio climático para reducir sus emisiones. Sin embargo, estas medidas son parciales y no garantizan la seguridad climática, ya que no incluyen a los países en desarrollo, en los que el peso de las emisiones de gases de efecto invernadero va en aumento.

La energía es el motor esencial del desarrollo humano y del crecimiento económico. Los países industrializados hemos alcanzado nuestro nivel de bienestar mediante el uso de combustibles fósiles, responsables del cambio climático. En los países del Sur hay actualmente unos 1.400 millones de personas (un 25% de la población mundial) sin acceso a la energía. La relación entre la falta de energía y la pobreza es muy estrecha. No tener acceso a la energía significa no poder contar con servicios básicos como la salud, educación, comunicaciones ni tener oportunidad de desarrollar actividades productivas para vivir de una manera digna. Es curioso que el acceso de la energía no sea uno de los objetivos del milenio, cuando es esencial para el logro de todos ellos.

Así, la reducción de la pobreza pasa por que toda esta población acceda a la energía. El indudable derecho al desarrollo económico conlleva un riesgo inherente, ya que si se repiten los patrones seguidos por los países industrializados, el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaría unos niveles inasumibles. El problema es complejo y su solución pasa, entre otras cosas, porque existan incentivos internacionales más potentes para que el deseable desarrollo humano y económico se base en energías limpias. Si bien muchos de los países en desarrollo están apostando por este tipo de fuentes energéticas y promoviendo proyectos de gran escala (centrales hidroeléctricas, de biomasa, eólicas, etc.), todavía no hay una voluntad clara para el fomento de las iniciativas de menor tamaño. Y este tipo de proyectos son clave, ya que el 80% de las personas que no tienen acceso a la energía se encuentran en zonas rurales y aisladas. Estamos hablando de comunidades como, por ejemplo, Cerrito de los Morreños, donde viven unas 140 familias en pleno Manglar de Ecuador, a 8 horas en piragua de Guayaquil. En sitios tan remotos como éste es inviable, tanto técnica como económicamente, llegar con una línea eléctrica, siendo la única alternativa el desarrollo de un proyecto energético pequeña escala. En este contexto, las energías renovables son la mejor alternativa para posibilitar un desarrollo sostenible. En comparación con otras alternativas como el uso de motores, un sistema renovable requiere menos costes de mantenimiento, no genera dependencia de combustibles fósiles y utiliza un recurso inagotable y gratuito.

Una de las barreras al desarrollo de este tipo de proyectos de pequeña escala, es que la planificación energética se suele focalizar en aspectos macroeconómicos, como aumentar la capacidad de generación o distribución de energía, sin que existan planes concretos para facilitar servicios energéticos a las poblaciones más pobres y aisladas. En otras palabras, el acceso de los pobres a la energía no es, hoy por hoy, un aspecto primordial de las políticas. Es vital que surja una clara voluntad política para abordar el problema, de manera que en los países del Sur el sector energético deje de actuar de manera aislada y se incrementen los vínculos entre el acceso a la energía, el logro de metas de desarrollo, la reducción de la pobreza y la protección medioambiental.

Otro de los retos a superar es la dificultad para llevar a cabo con éxito estos proyectos de pequeña escala. Es necesario que estos se desarrollen desde una visión integral, abordándose, además del acceso a la energía, el desarrollo de servicios educativos, sanitarios y el fomento de actividades productivas. A diferencia de los proyectos de mayor escala, donde prevalecen los aspectos técnicos, en los pequeños el peso del componente social es enorme. No basta con llevar la energía, hay que enseñar a utilizarla, superando barreras como la falta de capacitación y de recursos económicos. Y para ello hay que trabajar mano a mano con las comunidades, impulsando su organización, apropiación y aprendizaje y trabajando para la sostenibilidad del los proyectos.

Si bien ha habido numerosas experiencias en este campo, como el Programa Euro-Solar, financiado por la Comisión Europea, que es probablemente el proyecto demostrativo de mayor escala que se ha llevado a cabo, todavía siguen siendo iniciativas dispersas. Gracias a programas como Euro-Solar, nuestra comunidad de Cerrito de los Morreños tiene, por primera vez energía eléctrica renovable basada en placas solares y servicios educativos, sanitarios y de fomento de las actividades productivas.

Sería deseable que en los próximos años aumentase la sensibilización sobre este problema, para que se rompiese el círculo vicioso que relaciona pobreza y energía de una manera sostenible con el medio ambiente.

Talento femenino: ¿una mina por descubrir?

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Un tercio de las empresas españolas y latinoamericanas tiene más mujeres que hombres en su plantilla. Más de la mitad de los graduados universitarios son mujeres. Sin embargo, menos del 10% de los sillones de los consejos de administración están ocupados por mujeres. Como consecuencia, las decisiones se toman mayoritariamente desde el punto de vista masculino y se desperdician cualidades de liderazgo más frecuentes en las mujeres.

El estudio "Talento de hombres y mujeres: retos y oportunidades", que he elaborado y publicado por el Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE en colaboración con RRHH 365, profundiza en las causas de esta pérdida de talento femenino y ofrece una serie de recomendaciones para mejorar el rendimiento de la empresa.

Hay una serie de medidas que permitirán promocionar, desarrollar y fidelizar a las personas con potencial, independientemente de su sexo:

1. Desarrollar procesos de selección, evaluación y promoción sistematizados en los que queden bien definidas las competencias de cada puesto, así como las tareas asociadas.

2. Fomentar la Responsabilidad Familiar Corporativa, es decir, impulsar políticas de conciliación que propicien una mejor integración de la vida laboral, familiar y personal de los empleados.

3. Garantizar la diversidad en los equipos de decisión. Así, esa diversidad en comités de evaluación y promoción se verá posteriormente reflejada en los juicios emitidos, que serán más justos y equitativos.

Los procesos de selección tienen gran parte de culpa en el techo de cristal al que se enfrenta el talento femenino. Los mal llamados sistemas de "recursos humanos" no se ciñen a procedimientos claramente establecidos, por lo que queda en entredicho su objetividad.

En estas circunstancias, cabe la posibilidad de que los responsables de la selección incurran en sesgos, errores y actitudes tendenciosas que incidan en la decisión de contratar a un hombre o a una mujer.

Atendiendo a este hecho básico, las propuestas para valorar el talento femenino con justicia son de vital importancia para cualquier empresa que desee fomentar el rendimiento de sus empleados y cumplir su cometido de manera eficiente.

Lamentos empresariales

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Por: Emilio Ontiveros | 20 de febrero de 2014

Solo un ejercicio de ingenuo voluntarismo permitiría ser complacientes con el horizonte de recuperación de la economía española. A medida que avanza el año los problemas fundamentales siguen ahí, y las contingencias no desaparecen. La inequívoca buena señal de abandono de la recesión no permite afirmar que el crecimiento en curso será suficiente para reducir de forma significativa los desequilibrios más importantes: el elevado desempleo y endeudamiento de las familias y empresas. Estas últimas, especialmente las de pequeña y mediana dimensión, siguen encontrando obstáculos importantes en la financiación de sus proyectos de inversión, o en la mera refinanciación de sus pasivos. Son comprensibles, por tanto, esos frecuentes lamentos que empresarios pequeños y medianos entonan, de forma particularmente intensa cuando se subrayan señales de recuperación: “en la vida interna de nuestras empresas, esas señales no han llegado todavía”, sería el denominador común de esos lamentos.

Y es que tanto la natalidad como el desarrollo de las empresas siguen encontrando serios problemas de financiación. No es un problema único de España, pero sí es aquí donde se percibe de forma más intensa. Tanto por el excesivo nivel de endeudamiento privado con el que se entró en la crisis, como por la ausencia de mecanismos de financiación fuera del sistema bancario.

Deuda/PIB empresas no financieras

(no consolidado si no aparece indicación específica en contrario; porcentajes; ranking en función de los valores no consolidados del 2T2013)

Una primera instancia de verificación de esos problemas es la dificultad para garantizar una tasa de natalidad empresarial suficientemente intensa. Nuevas empresas transformadoras, no aquellas que nacen de la necesidad de los desempleados por resolver su mera subsistencia, sino de aquellas con potencial innovador. Dificultad también para financiar procesos de crecimiento que, entre otros efectos, tengan la virtud de propiciar tamaños empresariales mayores, susceptibles de abordar decisiones de expansión internacional o de inversión en conocimiento.

Y es que casi siete años después de iniciada la crisis, el crédito bancario sigue su senda descendente como acabamos de conocer, y se refleja en el cuadro adjunto. Desde el inicio, las pequeñas y medianas empresas españolas han sufrido la sequía crediticia en mayor medida que la mayoría de las empresas europeas, como se refleja en la revisión Access to Finance realizada por la Comisión Europea y el BCE. Esta última institución tiene razones para estar preocupada y, en última instancia, para proponer decisiones en un próximo Consejo de Gobierno, que eliminen los obstáculos a la transmisión de su política monetaria. Es más de una tercera parte de las pymes analizadas las que no consiguen acceder a la financiación que necesitaban en 2013. Todas ellas verifican además el endurecimiento durante ese año de las condiciones de acceso en términos de tipos de interés o colateral y garantías exigidas.

La supervivencia está en no pocos casos en peligro. Y esa amenaza es tanto más relevante cuanto mayor es la importancia de las pymes en algunas economías. La española sin ir más lejos. Aunque venga referido a 2008, el gráfico adjunto es suficientemente ilustrativo del peso en el empleo que tienen los distintos segmentos de pymes. Las microempresas, dominantes el nuestra economía, no son precisamente las que más amparo crediticio tienen.

El empleo de las PYME como porcentaje del empleo total, 2010

El necesario desapalancamiento está siendo ciertamente costoso, dada la moderada generación de ingresos, especialmente de aquellas empresas más volcadas al mercado nacional, que son precisamente la mayoría de las más pequeñas. Si la historia es una guía, nos advierten en el BCE, hay que esperar ajustes adicionales, especialmente en aquéllos países como el nuestro que experimentaron un boom de endeudamiento en los años anteriores a la crisis.

Frente a todo ello, tanto las autoridades españolas –proponiendo fórmulas como las que puedan estar estudiándose de capitalización de deuda- como el BCE –con alternativas que incentiven la adquisición de papel de pymes en sus operaciones con la comunidad bancaria- pueden tratar de actuar, desde el convencimiento de que sin una normalización de las condiciones de financiación del universo de pymes la recuperación económica seguirá presidida por la precariedad.

De próxima publicación en la revista Empresa Global nº 138. Marzo 2014

Los bancos y la deuda pública

13.2.14

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Por: Ángel Berges | 13 de febrero de 2014

Desde que a finales de 2011 y principios de 2012 el Banco Central Europeo (BCE) pusiese en marcha sus operaciones de financiación a largo plazo (LTRO), la banca española se erigió en el principal comprador de la deuda pública española, acentuando el círculo vicioso entre riesgos bancarios y riesgos soberanos, cuya superación es uno de los objetivos de la Unión Bancaria que arranca en el presente año.

En el marco de dicho objetivo, no deja de resultar paradójico que el ejercicio de evaluación (a modo de “examen de selectividad”) previo a dicha unión bancaria precisamente penalice a los bancos por sus tenencias de deuda pública, como ha quedado claro en los criterios recientemente publicados por el propio BCE y por la autoridad bancaria europea.

En todo caso, esos criterios de EBA y BCE no caen de nuevas, y algún tipo de penalización se venía anticipando desde hace varios meses, por lo que no debe extrañar que las entidades financieras españolas –y también las de otros países, como Italia o Francia- llevasen a cabo importantes ventas de deuda pública en los meses finales de 2013, en un intento de presentar un cierre de ejercicio –que se tomará como base en los mencionados ejercicios de evaluación- con menos deuda pública en sus balances.

Concretamente, como puede observarse en el gráfico adjunto, los bancos españoles redujeron sus tenencias de deuda pública en más de 50.000 millones durante la segunda mitad de 2013, finalizando el año con unas tenencias de unos 260.000 millones, lo que representa un 8,6% de su balance total. Sólo la banca italiana, entre los grandes países europeos, registraba unas tenencias de deuda pública nacional con un mayor peso relativo sobre su balance (un 10,1%), tras haberlas reducido también en los últimos meses del año.

Dos consideraciones interesantes emergen de esas intensas ventas de deuda pública llevadas a cabo por la banca española. La primera se refiere al equilibrio en el propio mercado de deuda pública. Si la banca vendía 50.000 millones, ¿quién los ha comprado?. Y máxime teniendo en cuenta que el Tesoro necesitaba seguir emitiendo deuda neta adicional. La respuesta la brinda el gráfico adjunto, del que se deduce un claro protagonismo comprador de los inversores no residentes, en un renovado apetito inversor por los activos españoles. De hecho, ese apetito inversor extranjero hacia los activos españoles no solo se circunscribía al mercado de deuda pública, sino también a las elevadas emisiones llevadas a cabo por las propias entidades financieras españolas (más de 30.000 millones desde mediados de 2013 hasta la fecha).

Lo más relevante es que dicho proceso de sustitución de bancos por no residentes, en cuanto a tenedores de deuda pública, se ha producido en paralelo con una clara reducción en los tipos de interés de la misma, permitiendo con ello eludir –al menos de momento- los temores que podían existir respecto a efectos desestabilizadores de una intensa retirada de la banca como principal tenedor de deuda pública.

La segunda consideración nos lleva al efecto sobre los propios bancos, especialmente en cuanto a la contribución de esas tenencias a reforzar sus exiguos márgenes de intermediación. Nuestras propias estimaciones nos llevan a concluir que la inversión en deuda pública pudo aportar más de un 20% del total del margen del sector; porcentaje que superaría el 35% si se incluye también otros títulos de renta fija diferentes del tesoro (SAREB, Agencias, Comunidades Autónomas, o renta fija privada).

Dicha aportación caerá en 2014, y más en 2015, en la medida en que, por un lado, los volúmenes invertidos en deuda pública –y renta fija en general- difícilmente retornarán a los máximos de 2013. Y, sobre todo, porque las nuevas inversiones que se lleven a cabo –una vez superada la “foto” de fin de año, de cara a los ejercicios de evaluación- generarán rentabilidades muy inferiores a las que generaba la deuda pública que se ha vendido en 2013.

Redes sociales: ¿normas de uso restrictivas o proactivas?

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Gracias al enorme desarrollo de las redes sociales, las empresas han empezado a ver sus ventajas, de ahí que poco a poco vayan poniendo al día sus políticas. Así lo apunta un estudio que he realizado junto con Emmanuelle Vaast.

Con el fin de calibrar la percepción y respuesta de las organizaciones al uso de las redes sociales por parte de sus empleados, hemos examinado 74 guías corporativas al respecto.

Como indican investigaciones previas, en el caso de las redes sociales se han constatado cuatro "oportunidades para actuar" que representan los usos que les podemos dar:

1. Visibilidad. El comportamiento, conocimiento, preferencias y conexiones que eran invisibles se tornan visibles.
2. Trazabilidad. Una vez creado, el contenido permanece indefinidamente en la Red.
3. Editabilidad. La gente puede corregir, aumentar, revisar y cambiar de forma colaborativa el contenido publicado en Internet. 
4. Asociación. Alude a los vínculos que se establecen entre personas o entre estas y el contenido que crean.

La visibilidad y la trazabilidad son la principal preocupación. Lo que más preocupa es que todo el mundo pueda leer lo que se publica, incluso aquellos a los que no va dirigida esa información, y que el contenido permanezca indefinidamente en la Red. Ambos atributos pueden dañar la reputación de las empresas, por lo que sus políticas se centran en controlar ese riesgo.

Resulta interesante el peso de cuestiones como la visibilidad y la permanencia respecto a la editabilidad, pues las dos primeras parecen eclipsar a la tercera. Lo ilustra el hecho de que se haga más hincapié en "lo que no se debería publicar" que en "lo que se puede publicar".

La asociación se interpreta desde la óptica del riesgo. Lo que más interesa es la asociación de los empleados a la organización. Por eso se les suele instar a advertir de que sus opiniones son personales y no reflejan las de la empresa. Las políticas ignoran las múltiples posibilidades que las redes sociales ofrecen a los empleados para colaborar e interactuar.

Hoy, las políticas corporativas sobre redes sociales están cambiando. Es sintomático que en los últimos años se hayan creado departamentos y equipos especializados en esta área. La tendencia es profesionalizar la relación de la organización con las redes sociales.

El dinero busca refugio de nuevo

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Nada como el oro refleja el sentimiento del miedo entre los inversores. Las subidas de precio del metal precioso suelen mostrar capitales nerviosos en busca un cuartel de invierno para pasar el vaivén de otros mercados y este arranque de año ha dado un vuelco sorprendente: si 2013 fue para el oro un año para olvidar, con una caída de cercana al 30%, la peor en más de tres décadas, este ejercicio ha arrancado con una ganancia acumulada de cerca de 5%, hasta los 1.262 dólares por onza. La armonía se ha roto en este arranque de año: las grandes bolsas comenzaron 2014 con subidas y los refugios más tradicionales, los bonos alemanes y estadounidenses, tenían que aumentar sus intereses para venderse en el mercado, pero el guión dio un giro a mediados de enero con las turbulencias de los mercados emergentes como detonante.

Cuanta menos rentabilidad ofrecen unos títulos de deuda, significa que más precio pagan los compradores por ellos y el interés del bund germano, que acabó 2013 por encima del 1,9%, empezó a caer con especial intensidad desde hace tres semanas hasta tocar esta pasada semana el 1,63%, su nivel más bajo desde agosto. El viernes cerró en el 1,65%, más bajo que la jornada anterior, ayudados por la decisión del Constitucional alemán de dejar en manos del Tribunal de Justicia Europeo las querellas contra los programas de compra ilimitada de deuda soberana por parte del Banco Central Europeo. Los bonos a 10 años de EE UU también pagaron esta semana su interés más bajo de los últimos tres meses (2,60%), pese al freno de las compras de títulos por parte de la Reserva Federal, debido en buena parte a unos datos de creación de empleo que resultaron decepcionantes.

La comunidad inversora, en definitiva, ha cambiado de signo y frenado su apetito por el riesgo en este arranque de 2014. A esos arrebatos habituales del mercado —como el vértigo que siempre acaban por generar las ganancias acumuladas en Bolsa, que animan a muchos a vender y hacer caja— se suman los peligros de las economías emergentes y las dudas de esta lenta recuperación.

Enero comenzó con rumores de que la creación de empleo en EE UU decepcionaría, acabó con el dato de que la actividad industrial de China había bajado al mínimo en seis meses y, en medio, el desplome del peso argentino contaminó a otras monedas emergentes como la lira turca o el rand sudafricano. El mar de fondo: la desaceleración de las economías en desarrollo.

“Lo que pasa, al final, es que siempre el mercado impone sus tres principales leyes: la primera, que los mercados siempre tiene razón; la segunda es que las crisis vienen cuando nadie las espera y la tercera es que, cuando llevas dos años de éxito, es mejor que tomes vacaciones porque se te acaban olvidando las dos primeras”, explica José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi.

Los bancos centrales, con la Reserva Federal como máximo exponente, empiezan a preparar su repliegue después de años de expansión monetaria sin precedentes y asumen que la estabilidad de medio plazo va hacer necesario el trance de dosis de inestabilidad a corto. La baja volatilidad de 2013 y el apetito por el riesgo que alimentó será difícilmente repetible este año. Es un mensaje que quedó claro hace un par de semanas en el Foro de Davos, en palabras como las de Larry Fink, presidente de BlackRock. “Lo que hemos visto estos días es un indicativo de lo que va a ser el año. Pero la volatilidad no tiene que terminar necesariamente mal”, dijo el responsable de la mayor gestora de activos del mundo.

La sacudida de los emergentes ha generado impresión de peligro y los gurús del dinero creen que tiene sentido diversificar sus carteras, amén de todas las plusvalías que se habían generado en la renta variable y en los activos considerados de mayor riesgo. “Muchos inversores que estaban muy apalancados han encontrado en el susto de los emergentes una buena excusa para hacer caja y cambiar su portafolio”, añade Campuzano.

En el mismo sentido, Juan Luis García Alejo, de Inversis, advierte de que “las Bolsas han caído sobre todo porque habían subido mucho y en muy poco tiempo, llevábamos tres meses y medio con ganancias intensas y constantes, en los primeros 20 días de enero se había descontado prácticamente todos los multiplicadores de 2014”. Wall Street ha perdido tras acabar el año pasado en su récord histórico.

La cotización de la deuda de países periféricos del euro como España e Italia, en cambio, se ha visto beneficiado por el apetito por el riesgo de 2013 y también han aguantado el cambio de humor de este con subidas. Los bonos españoles acabaron el viernes con una rentabilidad del 3,57%, un nivel precrisis, el mínimo desde 2006, y el interés de los títulos italianos, en el 3,68%, también se encuentran en el nivel previo de la Gran Recesión.

El motivo, para García Alejo, es que “los inversores ven que las cuentas del país mejoran y que el BCE está detrás despuesto a respaldar a estos países, así que pueden proseguir el camino de vuelta [a unos tipos de intereses previos a la crisis] y no se ven afectados por las recientes convulsiones del mercado”.

La Fed no movió una coma de su plan de retirada de estímulos en la reunión de hace dos semanas pese a la sacudida de las divisas emergentes, como Argentina y Turquía.

El temor no tiene por qué transformarse en crisis si la Reserva Federal prosigue con su repliegue de forma progresiva y China no se está desacelerando de forma brusca. Pero tal y como recuerda una de esas grandes leyes del mercado: las crisis vienen cuando nadie las espera.
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